La contra-reforma electoral

Desde luego que convendría hacer algunos cambios en el sistema electoral para hacerlo más democrático, propuestas que varios especialistas han hecho desde hace tiempo, pero sin ser escuchados. Yo destacaría las siguientes:
1- Eliminar la sobre-representación que permitió la reforma de 1996, de 8 % como máximo.
Se vió como un logro porque antes de eso podía ser mayor (si bien prevalecía un límite de 60 % de curules por partido para que nadie tuviera mayoría calificada, pues es un elemento claramente antidemocrático).
Los diputados plurinominales fueron ideados en el s. XIX por John Stewart Mill para equiparar el porcentaje de votos de cada partido con su porcentaje de curules en el Congreso.
De esa forma se logra la mejor representación ciudadana en el Legislativo, que es un elemento importante en la democracia.
2- Otra reforma sería despartidizar al INE, pues si bien en 1996 se le dio autonomía respecto del gobierno, los partidos se quedaron con él, y sus propuestas de consejeros coincidían casi siempre con simpatizantes del respectivo partido (si bien hay que decir que varios consejeros mostraron total autonomía).
La alternativa sería, no elegirlos con acordeones, como propone Morena, sino quitar a los partidos de ese proceso y dejarlo en una comisión de varios expertos nombrados por distintas universidades.
Eso en automático favorecería mayor autonomía de los consejeros, para que nada le debieran a los partidos (si bien siempre existe la posibilidad de ser cooptados, pues nada es perfecto, pero la autonomía real tendría más posibilidades).
Si Morena quisiera avanzar en la democracia incluiría esas y otras propuestas en su proyecto de reforma, pero resulta que lo que busca es justo lo contrario; desmantelar la democracia, como ya lo vimos con el colonizaje o desaparición de instituciones autónomas del Estado, la cooptación del INE y el TRIFE, la sumisión del Poder Judicial, el robo inconstitucional de la mayoría calificada, entre muchas otras medidas antidemocráticas.
No tendría por qué ser distinto con la reforma electoral, y la composición de la Comisión presidencial para hacer la iniciativa, así lo confirma.
Otro de los temas claves gira en torno de los legisladores plurinominales; se habla o bien de su total desaparición o su reducción y cambio de fórmula para distribuirlos. Si ocurre lo primero, la distorción crecerá enormemente.
En 2024, de no haber habido plurinominales, con 55 % de votación la coalición gobernante hubiera obtenido 85 % de diputados y la oposición sólo 15 % (siendo que obtuvo 45 % del voto).
Sería un retroceso de décadas (antes de 1964). Se tiene la esperanza de que el PVEM y el PT se opongan a esa medida pues les afecta directamente. Pero les pueden ofrecer otras cosas a cambio de su voto.
La otra opción sería reducir los plurinominales, por ejemplo a 100, y distribuirlos bajo la fórmula de primera minoría; es decir, en los distritos donde se les ubicara, el candidato que quedara en segundo lugar se haría acreedor a esa curul.
Pero sí sólo fueran 100, la sobre-representación a favor del partido mayoritario seguiría siendo muy grande.
Esta fórmula, para que fuera equitativa, debiera tener el mismo número de diputados de mayoría y de primera minoría; digamos 250 de cada uno, en 250 distritos.
Supongamos sólo dos fuerzas compitiendo; y que el partido mayoritario gana 200 distritos de mayoría. Los otros 50 los ganaría el partido rival.
Pero ese mismo partido obtendría los 200 diputados de primera minoría donde el partido mayoritario quedó en primer lugar.
Y a la inversa, en los 50 distritos que habría ganado la oposición, el partido oficial tendría los 50 de primera minoría.
¿Cuál sería el balance de un resultado semejante? 250 diputados para el partido oficial y 250 para la oposición. Un equilibrio muy democrático. Pero justo es eso lo que no quiere Morena.
De ahí que, si prevalece la fórmula de diputados de  primera minoría en lugar de plurinominales, probablemente se reducirá su número y se nombrarán al azar los distritos donde competirían (quizá por tómbola).
Como sea, la reforma apunta para consolidar el autoritarismo que ya se instauró desde el año pasado. De eso no hay duda.

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