¿Cómo caen los autoritarismos?

Uno de los muchos problemas que tiene el sistema democrático (el peor de los regímenes, salvo todos los demás), es que resulta muy difícil construirlo, pues exige el visto bueno de las principales fuerzas políticas, y eso ocurre cuando ninguna de ellas tiene la fuerza suficiente como para imponerse abrumadoramente sobre las demás.
Cuando hay más equilibrio, para imponerse sobre el adversario la otra alternativa es el uso de la fuerza (una guerra civil), pero si hay mucho equilibrio entre las partes, el costo para todos será muy alto además de no haber garantía de triunfo.
 Por lo cual, la racionalidad lleva a los partidos a acordar una democracia con sus reglas específicas.
Eso se traduce en un beneficio a la sociedad en general (pues limita y en su caso penaliza el abuso del poder), pero a los partidos en general, les gustaría más un régimen autoritario, con ellos encabezándolo desde luego.
Y justo por eso, una democracia incipiente corre el grave riesgo de ser desmontada, pues aún no adquiere la fuerza institucional suficiente para resistir los acosos de uno u otro bando, si alguno logra suficiente poder para quedar como el partido dominante sin contrapesos.
Los inventores de la democracia –  los griegos clásicos – ya advertían sobre dicho riesgo.
 El equilibrio de poder es más difícil de lograr y más vulnerable que la concentración de poder.
En cambio, cuando surge un régimen autoritario que goza de fuerza y apoyo mayoritario (instaurado incluso por un demagogo que haya llegado al poder por vía democrática), es más fácil que se consolide y persevere por mucho tiempo.
El poder concentrado se usa para acumular aún más poder y debilitar a los adversarios.
Los ciudadanos que no estén conformes con el partido gobernante o con el nuevo régimen autoritario, quedan esencialmente inermes.
Podrán movilizarse, protestar, levantar la voz, votar en contra del partido gobernante (si hay elecciones), que nada de eso logrará remover a los autócratas, pues éstos recurrirán (más tarde que temprano) a la sordera política, la censura, la persecución, el fraude electoral, la represión, el debilitamiento de la oposición partidista (si aún la hay).
Es decir, por vía pacífica es casi imposible desmontar ese autoritarismo que, por lo mismo, puede prolongarse por muchos años (la URSS, México del PRI, Cuba, Venezuela, Norcorea, China, etc).
La opción violenta existe (guerra civil), pero es muy difícil de realizar porque conlleva elevados costos para todos.
 Podría ser también por un golpe de Estado, si por alguna razón el Ejército se ha alejado del gobierno  (y por eso los gobiernos autoritarios le dan mucho poder y dinero a sus ejércitos).
Pero de ocurrir eso, llevará a otro tipo de dictadura más que a una democracia.
También un autoritarismo puede ser derrotado por una revolución (Francia, México, Rusia, China, Cuba, Nicaragua, etc).
Sin embargo, eso exige que los ciudadanos dispuestos a arriesgar su vida y la de sus familiares sean tantos que puedan derrotar al Ejército oficial (lo cual no es nada sencillo).
Por eso históricamente las revoluciones sociales exitosas se cuentan con los dedos.
Y además del costo económico y humano que conllevan, muy probablemente también desembocarán en un nuevo régimen autoritario, muchas veces peor que el anterior.
¿Cómo caen entonces esos autoritarismos, sobre todo los más consolidados?
Por sus propios errores sobre políticas públicas, y cuando éstos dejan sentir sus efectos sobre la población.
Y aún así, puede pasar mucho tiempo antes de su derrumbe. Es decir, el propio régimen autocrático se cae, no lo tiran.
Y una vez agotado ese régimen, debe surgir de ahí un líder que lo comprenda y, por racionalidad política, acepte abrir pacífica y negociadamente la democracia (como hicieron Gorbachov y Zedillo, entre otros).
De lo contrario, dicho autoritarismo, aunque fracasado, seguirá más tiempo (Cuba, Venezuela) y cuando el país ya esté prácticamente destrozado, puede, entonces sí surgir más fácilmente una guerra civil (con los enormes costos que ello implica).
Finalmente, un régimen autoritario puede ser removido por una intervención externa, un país militarmente más fuerte y que tenga motivos para tomar esa decisión (como en Alemania, Italia y Japón después de la II Guerra). Algo que tampoco se da en maceta.

Autor

Scroll al inicio