México: ezquizofrenia geopolítica

Durante la II Guerra Mundial, México se alineó con los aliados y se benefició enormemente tanto de la venta de nuestras materias primas como de los tratados para enviar trabajadores mexicanos a EEUU (si bien después se fue convirtiendo en un problema y fuente de tensiones).
Cuando la Cuba de Castro se confrontó a Estados Unidos, México mantuvo vínculos de amistad con Cuba, lo cual le permitió servir como un interlocutor eficaz con el resto de países de América, y en particular Estados Unidos.
Esa postura no implicó una confrontación con el vecino del norte que vio alguna ventaja en ello.
Al agotarse el proyecto de “Sustitución de Importaciones”, que pretendía que México fuera autosuficiente en todos los rubros – lo mismo agrícolas que industriales- el gobierno mexicano no vio más camino que abrir la economía en 1985.
Y el gobierno de Salinas promovió el Tratado de Libre Comercio con EEUU y Canadá, que si bien afectó a algunos sectores, el saldo para México fue muy positivo, al grado en el cual posteriormente la izquierda, encabezada por López Obrador, decidió mantener ese acuerdo comercial.
Hubo también en aquellos años de apertura un Tratado comercial con Europa (que incluía una “cláusula democrática”) y con Japón, si bien sus ventajas son muy menores respecto de las del TLCAN.
En todo caso, quedaba claro que económica y comercialmente México se unía al bloque occidental-democrático (incluyendo a Japón, una democracia eficaz tras la II Guerra).
Además, la apertura económica de los ochentas coincidió con el mejor y más eficaz intento de democratización en nuestra historia. México firmó la Carta Democrática de la OEA en los primeros años de este siglo, e incluso, durante desde el gobierno de Zedillo, empezaron a haber crecientes tensiones y desencuentros con Cuba y más tarde con la Venezuela de Chávez.
Pero llegó al poder Morena, que incluía antiguos marxistas, viejos priístas nacional-revolucionarios y varios neoliberales con más oportunismo que principios.
Aunque mantuvo en los hechos (no en el discurso) varias políticas del neoliberalismo (sobre todo en torno al libre comercio), políticamente se fue alejando del bloque democrático, donde se encuentran nuestros principales socios e inversionistas.
En cambio, se acercaron a las dictaduras bolivarianas, inspiradas en el Foro de Sao Paulo (basado a su vez en el viejo marxismo).
Durante su campaña, Amlo ofreció seguir la ruta escandinava y jamás mencionó como modelos a Cuba ni a Venezuela.
En los hechos, la ayuda económica a esos gobiernos, las loas de Morena a la Revolución Cubana, sus protagonistas, la condecoración al nuevo dictador cubano, la protección a Evo Morales, y el apoyo discursivo y diplomático a la dictadura de Venezuela y (en menor medida) a la de Nicaragua, confirman su vocación autoritaria.
Fue también un mensaje pro-dictatorial la negativa de Amlo a asistir a la Cumbre de las Américas a menos que se invitara a Cuba, Venezuela y Nicaragua (que ya no eran miembros de la OEA).
Claudia Sheinbaum ha seguido puntualmente ese mismo camino; pese a entender la importancia de mantener una buena relación con EEUU, que tiene la capacidad de perjudicarnos económica y militarmente, sigue estrechando la alianza con el bloque dictatorial bolivariano.
México no denunció el magno-fraude en Venezuela de 2024 (pese a que líderes de izquierda bolivariana como Lula da Silva y Petr, sí lo hicieron); respaldó diplomáticamente al presidente Castillo de Perú, quien fue destituido por el Congreso (incluso con votos de su partido) por haber intentado disolverlo por fuera de la Constitución; continúa la ayuda “humanitaria” a Cuba, y se niega también a asistir a una nueva Cumbre de las Américas por no invitar a sus dictaduras aliadas.
La directriz diplomática del obradorismo ha sido pues no sólo la dicotomía izquierda- derecha, sino también la dualidad autoritarismo- democracia, claramente a favor del primero.
Lo cual nos puede traer costos elevados comercial y diplomáticamente. En eso consiste su esquizofrenia geo-política.

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