Las alianzas del PAN

Después del magno fraude de 1988 se dio una alianza informal entre el PAN y lo que sería el PRD, para presionar al régimen a abrirse a la democracia, aunque cada partido tuviera una ideología muy distinta. 

La cúpula del PAN decidió finalmente apoyar a Salinas de Gortari en su proyecto económico a cambio de que éste les reconociera algunos triunfos en los estados (le llamaron ‘concertacesión’). Así lo hizo Salinas con Baja California, Guanajuato y Chihuahua.

Con todo, pese a las diferencias entre PAN y PRD, éstos hicieron una alianza formal por primera vez en 1991 apoyando en San Luis Potosí al doctor Salvador Nava, que no pertenecía a ningún partido. 

Su movimiento logró tirar al ganador formal del PRI, Fausto Zapata, que fue sustituido por otro priísta, Martínez Corbalá. 

A partir de ahí, el PAN y el PRD consideraron que lo más importante era ganarle espacios al PRI, dejando de lado sus diferencias programáticas. 

El PRI descalificaba dichas coaliciones afirmando  que se trataba de “Agua y aceite” (como ahora Morena, descendiente directo del PRI, descalifica toda coalición opositora, pero hipócritamente no ve los engendros que tiene dentro de su propia alianza). 

Fueron pues PAN y PRD juntos en diversas entidades y lograron ganarle al PRI en varias de ellas. 

No fue un mal saldo, aunque hubiera cierto desdibuje ideológico en ambos partidos, como bien acusaba el PRI. 

En el año 2000, cuando el marco legal e institucional ya era esencialmente democrático – gracias a las reformas hechas en ese periodo- se planteó que para por fin derrotar al PRI, convendría una nueva coalición PAN-PRD, ahora a nivel presidencial. 

Pero ninguno de los dos candidatos estaba realmente dispuesto a bajarse; el PAN proponía que la decisión se tomara a partir de varias encuestas (que ponían muy arriba a Vicente Fox), mientras que el PRD quería hacer una primaria abierta (en la que tendría ventaja gracias a sus corporaciones, de las que carecía el PAN). 

Ningún candidato se quiso bajjar y cada partido fue por su lado. Pese a lo cual, era posible que el PAN derrotara al PRI, que había descendido en su votación al 39 % en 1997.

Esto, si se lograba convencer a suficientes no panistas de votar por Fox en aras de la primera  alternancia pacífica de nuestra historia.

El llamado “voto útil” de no panistas le dio la ventaja suficiente a Fox para ganar (en el Congreso, el PAN obtuvo 36 %, igual que el PRI, siendo que Fox obtuvo 43 % de la votación; 7 % de voto útil). 

Ya con Fox en el poder, siguió formándose en varios estados esas alianzas entre PAN y PRD, a veces con éxito. Pero no en todos los estados; dependió de las condiciones. 

En 2018 el PAN se alió a dos partidos de izquierda; PRD y MC. Por diversas razones, esa alianza no logró lo que buscaba. El choque frontal entre PAN y PRI aseguró un amplio triunfo de Amlo.

Pero con el PRI nuevamente fuera del poder, el PAN hizo otro frente en 2021, con el PRD y ahora, nada menos que con el propio PRI, entrando de nuevo en cierta contradicción con su ideología y tradición.

Cuando se busca el poder, el pragmatismo suele ser más eficaz que la congruencia ideológica (como bien lo sabe Morena, aunque su demagógico discurso insista en lo contrario).

MC decidió desde entonces ir por su lado, justo  para no “contaminarse” con las otras ideologías y partidos desgastados. Pese a ello, no le fue tan mal al Frente por México en la elección legislativa, pues lograron arrebatarle a Morena 55 diputaciones, quitándole gran parte de su fuerza legislativa.  

En 2024 esos partidos decidieron repetir la alianza, pero hubo muchas variables que actuaron a favor de Morena (empezando porque ya se trató de una elección de Estado, y contaba con la sumisa cooperación del INE y del TEPJF). 

Tras ese golpe, el PAN determinó, que ya no le convendría ir de la mano del PRI, partido muy desprestigiado y en continuo descenso. 

De ahí su reciente anuncio de que se aleja del PRI y que, en principio, no hará alianzas, siguiendo la misma estrategia de MC. 

Es probable que en términos de imagen, eso pueda favorecer tanto a MC como al PAN, pero el precio es renunciar a cualquier posibilidad de ganarle a Morena en el corto plazo. 

Lo cual implica que quizá el blanquiazul esté asumiendo nuevamente la posición de Gómez Morín; tanto a MC como al PAN les esperaría una “brega de eternidades”, si bien confían que yendo solos, eventualmente ganarán la presidencia. No se descarta. Pero para cuando eso suceda, a ver qué queda del país.

Autor

Scroll al inicio