Las maromas olímpicas de Jesús Ramírez

¿Quién podrá creer lo dicho por Jesús Ramírez, en sentido de que es un ejemplo impoluto de lo que predica Morena: no miente, no roba, no traiciona, su plumaje no se mancha al cruzar el pantano, no contrata bots ni paga a porristas ni a las marionetas oficiales de las mañaneras. Es sin duda un hombre de principios morales (como lo asegura Claudia Sheinbaum, que ya no siente lo duro, sino lo tupido).

Eso sólo lo creen los fanáticos guindas, que profesan una leltad ciega y fueron bautizados por López Obrador como ‘solovinos’ y ‘mascotas’ (así los ve, por alguna razón).

Pero esas personas, consideradas como animales sumisos por su líder, son millones. Y por eso los cuatroteros mienten con tanta desfachatez, sabiendo que les creerán todo.

Evidentemente el discurso oficial y todas sus fantasiosas declaraciones se dirigen a sus feligreses, pues como alguna vez dijo López Obrador, no tiene sentido hablar con los “conservas”.

Los argumentos de Ramírez y sus corifeos en los medios son risibles, pero los declaran con gran solemnidad (seguramente ni ellos se los creen, pero deben seguir engatusando a sus muchos ilusos).

Dicen por ejemplo, que Scherer fue acusado de vender favores a precios millonarios, aprovechando su cargo como consejero jurídico de la presidencia.

Cierto, y justo por eso fue retirado de su cargo, si bien se le concedió impunidad (como es usual en este gobierno donde ya se acabó la corrupción).

¿Pero eso implicaría que Jesús es inocente? Sólo para los que no tienen idea de la lógica. No hay contradicción en que ambos rivales sean delincuentes.

Otro argumento es que Jorge Fenández Menéndez, quien realizó la entrevista a Scherer y la plasmó en este libro, es un crítico consistente al morenismo.

Claro que lo es. Pero se infiere quue, según los obradoristas, debió elegir a porristas tan impecables como Epigmenio Ibarra, el Fisgón, Álvaro Delgado o mejor aún, a Lord Molecula.

Paradójicamente, mientras más ataques hacen los propagandistas guindas al libro en cuestión, más publicidad le hacen.

Dicen también los voceros morenistas que Scherer perteneció por un tiempo al PRI, luego entonces es corrupto… Sí, como Amlo, Bartlett, Ovalle, Adán Augusto, Layda Sansores, y el 80 % de Morena.

En todo caso, que Scherer haya sido del PRI ¿implica que sus denuncias a Ramírez son falsas? Esto último se desmiente por otros medios en todo caso, no por la antigua militancia del acusador.

Es probable que Scherer haya detectado que Ramírez tuvo que ver en la divulgación de sus ilícitos para quitarlo de en medio, y lo logró.

Pero como advertía Maquiavelo, si vas a pegarle a un adversario, asegúrate de que quede anulado completamente, pues de lo contrario buscará vengarse cuando pueda.

Y el hecho de que se trate de una venganza -típico de políticos ambiciosos- tampoco implica la falsedad de sus respectivas acusaciones; al contrario, una venganza eficaz exige información firme.

Claudia, al proteger a Ramírez -y una larga lista de presuntos (o reales) delincuentes- se haría su cómplice, lo cual es a su vez un delito. Pero – como sucedió con Adán Augusto- es probable que remueva a Ramírez después de un tiempo.

En el libro, Scherer señala que envió ese escrito a Sheinbaum y despliega numerosos elogios a ella. ¿Pacto político?

En cambio, si bien lanza loas a su antiguo jefe, también le da algunas duras puñaladas por la espalda.

Muchos anti-obradoristas alimentan la idea de que las fracturas al interior del partido que nació para ser ‘referente moral’ puede provocar su derrumbe.

No es tan automático; primero porque sigue habiendo un enorme rebaño que cree cualquier cosa que les digan sus ídolos, así sea que la luna es de queso (o de fentanilo).

Segundo porque un partido con poder (fuerte pegamento cohesivo) tiene recursos para aminorar las fracturas, e incluso limar asperezas (como ocurrió con Marcelo Ebrard, que nos explicó a detalle el lodazal que fue la elección interna de Morena para 2024).

El quiebre de Morena ocurrirá, sin duda, pero no es posible saber cuándo y cómo. Ojalá no tarde demasiado.

Con todo, para quienes no estén totalmente enajenados, va quedando cada vez más claro que la 4ª Defraudación fue una gran farsa, y que sus primero y segundo pisos nos llevan a un creciente autoritarismo, y a un barranco económico, sanitario y social.

El libro de Scherer lo confirma, así como otros ataques mutuos entre obradoristas, como el de Marx Arriaga a Mario Delgado, o el de Layda Sansores a sus legisladores, todo lo cual ratifica que las acusaciones hechas al obradorismo por opositores, periodistas y críticos, tenían fundamento. Y que los otros datos de Amlo eran ficticios. Se les agradece la sinceridad.

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