Decir que la lectura está en peligro de extinción en México no es una exageración literaria, es una afirmación respaldada por datos estadísticos que muestran un deterioro persistente del hábito lector entre la población. Más allá de consignas o discursos sobre cultura, el país enfrenta una crisis silenciosa: leer, pensar y comprender textos ha dejado de ser una práctica común, y esto tiene consecuencias profundas para nuestra sociedad, nuestra educación y nuestra vida democrática.
Los datos recientes revelan una tendencia preocupante. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el porcentaje de personas mayores de 18 años que leen materiales impresos o digitales; libros, revistas, periódicos, historietas o páginas web, ha caído de 80.8 % en 2016 a alrededor de 68.5 % en 2023. Esto significa una reducción de más de 12 puntos porcentuales en el número de lectores en solo unos años.
Además, la cantidad de libros leídos por persona sigue siendo baja; cifras optimistas afirman que los mexicanos leen en promedio 3.2 a 3.8 libros al año, aunque es probable que estén tomando en cuenta el enorme tiraje del “Libro vaquero”, que en sus mejores tiempos llegó a tener la impresionante cifra de dos millones de ejemplares por semana y quizá también los manuales con instrucciones de las pantallas y microondas o incluso los obligatorios libros de texto de la educación universitaria.
3.8 libros por año puede parecer una cifra moderada en contextos aislados, pero si la comparamos con países en los que la lectura es un hábito social arraigado , donde las tasas de lectura anual por persona son significativamente más altas, México queda rezagado; simplemente nuestros vecinos del norte leen un promedio de 17 libros por año, Francia 14 y Japón 11
La lectura no solo es una actividad de entretenimiento: es la base para desarrollar pensamiento crítico, ampliar el vocabulario, comprender textos complejos y participar activamente en la vida cívica. Tener una población que lee poco es tener una sociedad con menos herramientas para cuestionar, investigar y formarse opiniones informadas.
¿Por qué lee poco el mexicano? Las razones son múltiples y complejas. En primer lugar, la falta de fomento de la lectura desde la familia y la escuela es evidente: muchos adultos que no leen no transmiten el gusto por los libros a sus hijos. En 83 % de los hogares, los jóvenes leen, pero principalmente materiales digitales o de entretenimiento, lo que no siempre se traduce en lectura profunda o reflexiva. Además, factores estructurales como falta de tiempo, largas jornadas laborales, escasa oferta de bibliotecas y librerías accesibles, así como una cultura mediática dominada por contenidos visuales y rápidos, desplazan a los libros de la vida cotidiana.
Por otro lado, los géneros menos atractivos habitualmente son los textos académicos o de alta complejidad para lectores poco habituados, así como periódicos impresos y publicaciones tradicionales que no logran competir con los formatos digitales y las plataformas de entretenimiento. Un dato muy revelador, para entender al mexicano; el INEGI reporta que el 42% de la población no lee libros en lo absoluto.
¿Y qué traduce que el mexicano lea poco? Primero, una sociedad menos preparada para pensar críticamente y menos capaz de debatir ideas complejas. Segundo, un impacto negativo en la formación educativa de las nuevas generaciones, que requieren habilidades de lectura comprensiva para aprender, innovar y desarrollarse profesionalmente. Tercero, un debilitamiento de la vida cultural y civilidad, pues la lectura, desde la literatura hasta el análisis crítico de la realidad, es esencial para crear ciudadanos informados y reflexivos.
La lectura no debe verse como un lujo, sino como una necesidad básica para cualquier sociedad que aspire a ser más democrática, más culta y más crítica. México aún tiene un enorme potencial lector, especialmente entre sus jóvenes. Pero ese entusiasmo debe acompañarse de políticas públicas fuertes que incentiven la lectura desde la infancia, aumenten el acceso a libros y bibliotecas, y posicionen a la lectura como una actividad valiosa, disfrutable y fundamental para el desarrollo individual y colectivo.

