Plan B otra triquiñuela de la presidenta

La propuesta de reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum que fue desechada en la Cámara de Diputados, evidenció las grietas dentro del oficialismo: conflictos internos, pérdida de incentivos para mantener cohesión sobre sus aliados y, sobre todo, la debilidad política de la mandataria.

Tal como se dibuja el panorama político, parece que el círculo con que gobierna la presidenta es cada vez más reducido, sin operadores políticos y dependiendo en gran medida de quienes mantienen contacto directo con Andrés Manuel López Obrador.

Sin mayoría para una reforma constitucional, Sheinbaum intentará revivir el proyecto por la puerta trasera a través de cambios a leyes secundarias que Morena podría aprobar con disciplina partidista, en un intento por avanzar hacia un modelo de control político del sistema electoral sin pasar por la negociación constitucional.

Control institucional

El Plan B mantiene la lógica del proyecto original: reducir el peso de actores que equilibran el sistema democrático —partidos, gobiernos locales y organismos electorales— mediante recortes presupuestales y cambios administrativos.

La iniciativa que prevé enviar al Congreso el 16 de marzo plantea entre otras cosas, reducir gastos y compensaciones en los tres niveles de gobierno, establecer un tope al número de regidores en los ayuntamientos y fortalecer mecanismos de democracia directa como las consultas populares.

En apariencia, algunas de estas propuestas apelan al discurso de la austeridad. Sin embargo, muchas son jurídicamente inviables. Los presupuestos de estados y municipios, así como su organización política interna, dependen de legislaciones locales, no federales. Intentar regularlos desde el Congreso implicaría vulnerar el principio de soberanía estatal establecido en la Constitución.

Pero la verdadera apuesta del Plan B no está ahí. El objetivo central es el árbitro electoral.

La mira puesta en el INE

El verdadero cambio se dirige al Instituto Nacional Electoral, organismo que desde la reforma de 1996 logró autonomía frente al gobierno federal.

Las propuestas incluyen recortar en un 25% los presupuestos del INE, de los organismos públicos locales electorales (OPLES) y del financiamiento público a los partidos políticos. También se plantea fijar un tope salarial para los funcionarios electorales y revisar la distribución de funciones entre el INE y los OPLES para reducir lo que el gobierno denomina “duplicidades”.

Uno de los puntos más polémicos es la posible desaparición del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), sistema que permite conocer tendencias electorales la misma noche de la jornada.

Aunque la iniciativa mantiene la estructura central del INE, impacta directamente el servicio profesional electoral y la presencia territorial, debilitando la capacidad técnica del organismo.

Detrás del discurso de austeridad se esconde una estrategia ya conocida: reducir recursos, desmantelar capacidades institucionales y concentrar el control político de los comicios.

Un árbitro cuestionado

La elección de 2024 ya dejó señales preocupantes sobre el funcionamiento del sistema electoral. En la Ciudad de México, donde se concentra cerca del 20 por ciento del padrón, el PREP fue cancelado por un supuesto hackeo.

En al menos 15 estados, el sistema comenzó a operar hasta la madrugada del día siguiente por fallas que se atribuyeron a conectividad o problemas de carga de información en los comités distritales.

Para quienes observan con atención la evolución del sistema electoral, estos episodios levantaron sospechas sobre la transparencia del proceso y trajeron viejos fantasmas de manipulación electoral.

A esto se suma la creciente cercanía política de integrantes del Consejo General del INE con Morena. La presidenta del organismo, Guadalupe Taddei, enfrenta cuestionamientos debido a que miembros de su familia militan en Morena.

No es la única, también han sido señalados Carla Astrid Humphrey Jordan, esposa de Santiago Nieto, actual titular del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial y aspirante a la gubernatura de Querétaro por Morena.

En este contexto, el Plan B aparece como el paso final para completar un proceso de captura institucional que ya avanzó en la integración del Consejo Electoral.

Sin embargo, el panorama político no es nada sencillo para la presidenta. La derrota de su iniciativa evidenció fracturas: tres diputadas de Morena votaron en contra y otros optaron por abstenerse o ausentarse.

Peor aún para el oficialismo, sus aliados tradicionales —el PT y el PVEM— han mantenido señales de distanciamiento y no garantizan respaldar el nuevo intento legislativo.

El resultado es una presidencia políticamente debilitada, que lanza advertencias contra quienes no respaldan su proyecto y amenaza con consecuencias en futuras candidaturas.

Pero en política, las amenazas sólo funcionan cuando existe poder suficiente para sostenerlas. Y hoy, el Plan B exhibe algo más que un intento de control electoral: revela a una presidenta que se sabe cada vez más sola.

X: @diaz_manuel

Autor

  • Manuel Díaz, un influyente empresario multidisciplinario con una notable carrera en Comercio Exterior, comenzó su viaje académico en San Francisco State University. Se graduó en relaciones internacionales y luego obtuvo una maestría en Negocios Internacionales, entre 1986 y 1991, período en el cual también se destacó como activista político.

    Con una presencia destacada en los medios como columnista en SDPNoticias, comentarista y conferencista en diversos foros, Manuel ha innovado en el ámbito empresarial. Su liderazgo en cargos como ex presidente del Instituto Mexicano de Ejecutivos en Comercio Exterior y ex Presidente de MTG en China reflejan su compromiso con el sector.

    Defensor comprometido del medio ambiente, vegano y protector de los bosques de Valle de Bravo, Manuel también ha demostrado una fuerte conciencia social. Su papel en la política no se queda atrás, ya que coordinó la campaña del PRD en Jalisco en 1994.

    Sus habilidades empresariales se reflejan en sus múltiples empresas como Supply Chain de México, Tacos Gus, Haste la hora de México y Grupo Ei. Actualmente, lidera Seko Logistics, en colaboración con el fondo de inversión Greenbriar.

    En su historia laboral, Manuel ha sido propietario y socio director de Grupo Ei Consultores, presidente de la misma empresa durante 19 años y 6 meses, y Managing Director en México para Seko Logistics y Expeditors International, donde trabajó durante 7 años.

    Consejero en diferentes empresas, amante de los vinos, y con una presencia destacada como asesor y analista político, Manuel Díaz representa una figura multifacética en el mundo de los negocios, la política y la sociedad mexicana. Su visión y experiencia lo colocan como un líder influyente y visionario, comprometido con un mundo diferente.
    Asesor y analista político, empresario y amante de los vinos

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