Fuimos a España a cobrar la conquista. Regresamos con Inteligencia Artificial

“Dicen que la distancia es el olvido. Pero yo no concibo esa razón…” ayayay (apliquemos a continuación, mentalmente, el efecto de sonido de disco rayado).

Cuando Roberto Cantoral escribió “La Barca”, ese bolero bellísimo inmortalizado por voces como la de Luis Miguel, creo que nunca se imaginó que terminaría ayudando a explicar el revuelo por los dichos de doña Cayetana Álvarez de Toledo. A dos años de aquel discurso en el Festival de las Ideas en Puebla —que más que discurso fue un bombazo retórico contra la 4T con especial énfasis en Andrés Manuel López Obrador—, sus palabras han vuelto a circular con fuerza, acompañadas de titulares estridentes que no son casualidad; responden a una estrategia con agenda propia.

Sheinbaum y la Macarena

Mientras tanto, la presidenta con “A”, Claudia Sheinbaum, durante su visita a Barcelona parece estar dominando el arte de salirse con la suya. En su agenda hay algo más que tecnología; sus planes marchan viento en popa, y esa sí es razón para que baile de alegría al son de la Macarena, pues estando allá, hay que darle alegría y cosa buena. Y de qué manera lo está logrando.

Durante su participación en la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, reafirmó que “las raíces no se conquistan”. Así, Sheinbaum mantuvo su postura de dignidad histórica que ya Cayetana, en su momento, calificó de complejo populista.

Sin embargo, aquí es donde todo se vuelve interesante. Dejando el discurso a un lado, logró que se concretara la colaboración con el Barcelona Supercomputing Center para el desarrollo de la supercomputadora mexicana Coatlicue. Resulta una jugada de marketing bastante fina, porque pasó del reclamo histórico a la “selfie diplomática” que proyecta una imagen de normalización.

Don Pedro y su saludo de guante blanco

La reunión con el presidente español, Pedro Sánchez, ha sido para los medios un banquete informativo. No ha bastado analizar el discurso verbal, sino que —¡ostia!— han llegado hasta la cocina. Al saludar a su homóloga mexicana con las dos manos —lo que conocemos como saludo de guante—, le demostró tal afecto que todo mundo piensa hoy: ¡Caramba, pero cuánto cariño!

Y si a esas vamos, tengo un amigo que ante tantas muestras de afecto suele decir: “¿Hay cariño o no hay cariño?”. Pues vamos a descubrirlo de una vez.

La reunión tenía como objetivo proyectar la normalización de las relaciones diplomáticas entre México y España, buscando dejar atrás eso de “pídeme perdón”, que no, que sí, que ahí la llevamos… Sheinbaum quería neutralizar el ruido negativo por este argüende iniciado por AMLO, mismo que Cayetana capitalizó como populismo. Claudia necesitaba una página nueva que se percibiera como evolución y no como rendición; como quien dice, quiso desplazar el foco del siglo XVI al siglo XXI.

Y lo logró. Ahora el tema público ya no es quién debe disculparse, sino quién va a liderar la Inteligencia Artificial en español. En marketing esto es oro molido: nos dieron un bálsamo visual que se conoce como asociación positiva, aunque para Cayetana eso sea “darnos atole con el dedo”.

El truco (que no es magia)

Esto me recuerda a esas escenas de Cantinflas donde termina haciéndose pasar por adivino y le lee el futuro a quien se le pone enfrente: no porque vea lo que viene, sino porque sabe exactamente qué decir para que le crean.

Y de eso va esta historia. No de adivinar, sino de contar.

Claudia Sheinbaum juega con cartas bajo la manga: hacia afuera, la estratega, la mujer de Estado, la que llega a Europa y parece poner orden donde antes hubo ruido. La que convierte un pleito incómodo en una escena de entendimiento.

Pero hacia adentro… la cosa es otra. Porque mientras la narrativa se vuelve internacional, los problemas siguen siendo locales. No desaparecen, solo cambian de lugar en la conversación.

Por otro lado, en México, por increíble que parezca, tanto desprecio por los chinos, y con su plan con maña nos aplica la caja china cambiando el tema de conversación.

Que el foco ya no esté donde duele, sino donde conviene.

Y en ese movimiento —tan calculado como efectivo— el beneficio inmediato no es para México… es para la historia que se está contando sobre quien lo gobierna.

KPIs Políticos

El equipo mexicano busca consolidar a Claudia Sheinbaum como una líder de Estado con Soft Power (que no es lo mismo que una Power Ranger rosa, aclaro). En materia de inversión tecnológica, se pretende asegurar las transferencias de conocimiento críticas para el desarrollo de México. Y, como pilón, al normalizar la relación con el gobierno de España, dejan a Cayetana sin su principal argumento.

Fanfarrias a la mexicana

La jugada para México con esta estrategia es buenísima; todo indica que se salen con la suya. Desde la imagen pública y la comunicación política la respuesta es la misma: un sí rotundo. En lo internacional, la prensa española no habla de otra cosa. Desde el ámbito simbólico, Sheinbaum queda bien con España y, en México, mantiene su postura de “duro contra los gachupines”. El punto débil y el verdadero riesgo es que el tema de la supercomputadora se concrete, porque de lo contrario, la oposición se los come vivos.

Dos caras del mismo populismo

Cayetana Álvarez de Toledo es “La Voz”, pero no la del concurso musical, sino la que pretende hacer ver a Pedro Sánchez y a Claudia Sheinbaum como dos caras del mismo populismo. El problema es que se está quedando más sola que una cartera a media quincena, porque Sheinbaum se posiciona como líder global y Sánchez se luce en los negocios y la política.

¿Qué necesita Cayetana? Que la presidenta de México cometa un error interno. En ese momento, el “se los dije” encontraría eco inmediato en un entorno mediático que lleva tiempo amplificando ese discurso.

Con la buena prensa en el extranjero, Claudia Sheinbaum gana lo único que no se compra: tiempo. Y a veces, eso basta. No para resolver los problemas, sino para mover las piezas antes de que el costo político alcance.

Mientras tanto, el discurso sigue circulando como moneda corriente, recordándonos que en política, como en los boleros, la distancia nunca es el olvido. Pero sí puede ser la irrelevancia.

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