Los hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador José Ramón, Andrés (Andy) y Gonzalo (Boby), terminaron encarnando todo aquello que su padre decía combatir: ambición desmedida, sin escrúpulos, marcada por complejos, egoísmo y un deseo enfermizo de pertenecer a la élite que durante años criticó como “aspiracionista”.
AMLO se refirió en múltiples ocasiones a los “aspiracionistas sin escrúpulos morales”. Los describía como personas egoístas, que “le dan la espalda al prójimo”, carentes de principios solidarios y cuyo único objetivo era “ser como los de arriba”, bajo la lógica de que “el que no transa, no avanza”.
Paradójicamente, esa definición terminó pareciéndose más a la historia de sus propios hijos que a la de sus adversarios políticos.
Tal vez no sea casualidad. Como recordaba recientemente una entrevista rescatada del periodista Edmundo Cázarez, el escritor Carlos Monsiváis describía a López Obrador como un personaje dominado por “desmedidos sueños de grandeza”, comparándolo incluso con figuras como Julio César o Nerón.
Del discurso de austeridad al lujo
El caso de José Ramón López Beltrán fue el primero en romper el discurso de austeridad del gobierno.
La famosa “Casa Gris” en Houston abrió un debate nacional sobre posibles conflictos de interés, luego de revelarse que el inmueble pertenecía a un directivo de una empresa contratista de Pemex.
Posteriormente aparecieron nuevas polémicas relacionadas con otra residencia en Coyoacán, viajes, compras en tiendas exclusivas y el ostentoso festejo de XV años de su hijastra en Sinaloa.
Las imágenes difundidas por distintos medios lo mostraron esquiando en Vail, Colorado; comprando en boutiques de lujo como Cartier en Cancún, Loro Piana en Texas y Hermès en Houston.
También fue visto hospedándose en complejos turísticos de alta gama en la Riviera Maya, Cozumel y Cancún, incluidos hoteles de Grupo Vidanta, donde las suites alcanzan tarifas superiores a los 80 mil pesos por noche. En sus viajes a Europa, además, acostumbra volar en clase premier.
Andy López Beltrán siguió una ruta distinta, pero igualmente polémica.
Sin concluir sus estudios universitarios y con una trayectoria laboral vinculada prácticamente a Morena, pasó de proyectar una imagen de austeridad a convertirse en protagonista de reportajes sobre negocios, viajes e influencias políticas.
Investigaciones de Latinus y Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad documentaron presuntas redes de tráfico de influencias mediante las cuales él y su hermano Gonzalo habrían favorecido a empresarios cercanos con contratos relacionados con el Tren Maya, el Corredor Interoceánico, infraestructura, medicamentos, energía y alimentación.
Uno de los principales beneficiarios señalados ha sido Amílcar Olán, empresario cercano a los López Beltrán que obtuvo contratos públicos en distintos sectores.
También han aparecido investigaciones periodísticas que vinculan a Andy con presuntas redes de contrabando de combustible y con la recepción de recursos en efectivo provenientes de exfuncionarios estatales para actividades políticas.
Uno de los episodios que más llamó la atención fue su viaje a Japón, donde se filtraron documentos sobre una estancia de dos semanas en el exclusivo Hotel Okura de Tokio.
Al mismo tiempo fue desarrollando diversos negocios privados, entre ellos las marcas Realesco y Vinos Cósmicos, además de la finca chocolatera Rocío.
El poder sin cargo
A diferencia de José Ramón, los señalamientos contra Gonzalo López Beltrán se concentran en su presunta participación como operador de proyectos estratégicos del gobierno federal.
Latinus difundió audios en los que se le señala como intermediario en la asignación de contratos relacionados con el Tren Maya. Según esas investigaciones, habría participado en la distribución de contratos por más de dos mil millones de pesos para el suministro de balasto y otros materiales destinados a obras prioritarias del gobierno.
Diversos reportajes sostienen que Gonzalo mantenía comunicación directa con gobernadores, empresarios y constructores, supervisando proyectos sin ocupar formalmente ningún cargo dentro de la administración pública.
Su nombre también ha aparecido vinculado en publicaciones periodísticas a investigaciones relacionadas con el huachicol fiscal.
Uno de los episodios que más contrastó con el discurso presidencial de austeridad fue su boda, celebrada en el exclusivo complejo Vidanta. Diversos reportes estimaron que el evento tuvo un costo cercano a los 20 millones de pesos.
Al final, la contradicción resulta evidente.
Los “aspiracionistas” que durante años fueron señalados como el principal enemigo moral de la transformación nunca desaparecieron.
Ahora se llaman López Beltrán.
X:@diaz_manuel


