Se llega al último año de la presente legislatura durante la crisis política más importante que ha tenido México en el siglo XXI. El bochorno Rocha Moya le ha costado demasiado a la presidente de la república, ya que Estados Unidos ha aumentado la presión y en su pasada visita a Marco Rubio, el joven Roberto Velasco recibió la agenda bilateral que pretende desahogar el gobierno Trump.
Combate al crimen organizado y medidas en materia migratoria, entre otros puntos no publicitados, fueron anunciados por parte de los voceros estadunidenses, tras dar a conocer las imágenes de un tenso Velasco recibiendo unas pequeñas palmadas en la mano por parte del secretario de Estado Rubio. Para infortunio de los propagandistas oficiales, los comunicados del otro lado de la frontera derrumbaron cualquier manipulación viable.
Asimismo, la presidente del país ha generado una nueva polémica o trama, al presentar una iniciativa para anular la doble nacionalidad a quienes tengan aspiraciones políticas en diversos cargos de elección popular. Una ambigüedad más para el gobierno Sheinbaum, ya que varios funcionarios de primer nivel y colaboradores caen en este supuesto y van a sufrir las consecuencias de esta decisión indudablemente.
Por otro lado, algunos ignominiosos y contados agoreros autoadscritos a la oposición mantienen una cuenta regresiva para efecto de un día amanecer y celebrar el fin del oficialismo. Desafortunadamente se quedarán esperando porque esto no sucederá pronto ni intempestivamente, como aseguran algunos gurús de las redes sociales.
No llegará ese momento porque el interés del gobierno Trump se centra en temas de seguridad hemisférica, no en trastocar el sistema político de su vecino. Al menos lo juzga así este autor. Ahora bien, aún bajo esta premisa, que no haya sucedido la dimisión de un presidente de México desde Pascual Ortíz Rubio no significa que esté cerrado dicho escenario. La inestabilidad política del país es caldo de cultivo para ello. La lógica de la ciencia política ha fallado ya demasiadas veces.
Sí será determinante lo que decidan del otro lado de la frontera de cara a los comicios del año próximo, pero el destino político de los mexicanos sigue siendo propio y dependerá de los votos emitidos el año entrante. En las condiciones actuales, tristemente, se avizora la última elección en “democracia”. Para los abstencionistas también es un último llamado.
La cuenta regresiva real es la que lleva la presidente Sheinbaum respecto de las entregas que deberá realizar en breve. Sí, las entregas de los acusados formalmente por la justicia del país vecino, así como de aquellas figuras a quienes se les ha despojado de sus visas y quienes han sido ya indiciados en investigaciones oficiales por parte de la administración Trump.
Se reitera lo que ya se ha dicho en la anterior publicación: el enemigo de México es Andres Manuel López Obrador. La irremediable aprehensión de Rubén Rocha Moya no concluye con la polémica; no, se habrá de ahondar en dicha trama y se deberá rastrear todo aquello que lleve hacia Palenque. Más allá de la red de corrupción lacerante construida por su homónimo vástago, el arquitecto del sistema fallido, del seudo maxi-obradorato, es aquél que se ha autoconfinado y se mantiene itinerando en el país por el miedo a ser llamado a la justicia.
El reloj de arena no detiene la caída de sus granos. México es más grande que un grupúsculo y caterva de políticos. A la presidente se le termina el tiempo y el problema es que cada decisión que tome se lleva al país para bien o para mal. Sigamos esperando.
Bismarck Izquierdo Rodríguez /Secretario de Cultura del CEN del PRI
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