Instituto Nacional Electoral. (10 de septiembre, 2026).
Señora Presidenta de este Consejo:
Señoras y señores Consejeros:
Señoras y señores representantes de partido:
Las elecciones mexicanas del 2 de Julio del próximo año, quedarán registradas en los manuales del populismo contemporáneo, como un caso clásico de abuso e inequidad electoral. Para empezar, porque estamos en una sesión paradójica que comienza un proceso que, sin embargo, ya empezó y lo hizo desde hace varios meses.
Los comicios que hoy reciben su tardío banderazo, se desarrollan ya sobre un terreno extremadamente disparejo, diseñado cuidadosamente por el gobierno como una colección de inequidades -pieza por pieza- en prácticamente todos los eslabones del proceso electoral.
No es un síntoma menor el episodio reciente en el cual, esta autoridad -en una decisión autoritaria- obligó a SOMOS MÉXICO, a cambiar de nombre, de emblema y de color. La voluntad de miles de ciudadanos fue vulnerada porque apoyaron a nuestro partido, precisamente, con ese nombre, con ese emblema y ese color, aprobados en el momento procesal debido por esta misma autoridad.
El asunto tiene un trasfondo histórico, pues da la espalda a una de las funciones clave de la autoridad electoral en democracia: abrir las puertas a la participación de corrientes políticas genuinas. Uno de los elementos clave que explican la democratización de México se vuelve así, un elemento que en nuestros días y con esta autoridad, muestra la emergencia de un nuevo tipo de autoritarismo en nuestro país.
Pero la inequidad se nos presenta por todas partes, comenzando por la intromisión sistemática de la presidenta de la república en las elecciones, acompañada por una multitud de funcionarios públicos envestidos de chalecos guindas, que recorren el país haciendo un nada disimulado proselitismo.
El uso de programas sociales del Estado expropiados por el partido en el poder y por sus personeros, con padrones opacos y asignación discrecional de beneficios.
Una desviación sin precedentes de recursos públicos hacia el frente electoral oficialista, recursos del erario y recursos que no llegan al erario por obra del fraude fiscal como el que exhibe el huachicol.
Un mecanismo de sobrerrepresentación legislativa que le permitió a este gobierno tener un congreso con muchos más escaños que los que le dieron los votantes y mas del doble que le permite la constitución.
La captura apenas disimulada de personajes dependientes al gobierno y directamente a la presidenta de la república en órganos electorales clave. Es decir, un árbitro y un juez débiles, dóciles a los intereses de la coalición gobernante.
La intervención abierta de los gobernadores que de por sí son fuentes históricas de inequidad territorial durante las elecciones.
La grotesca inclinación oficialista de los medios públicos en la contienda y de muchos medios privados durante todo este tiempo electoral previo e ilegal.
Es septiembre, estamos a nueve meses de la elección y nos han obligado a portar un nuevo nombre, pero la colección de inequidades no acaba allí.
Vean ustedes el financiemiento público: mientras SOMOS recibirá 200 millones de pesos, Morena tendrá 3 mil 600 millones. 3 mil 600 contra 200. Y peor aún: Morena recibirá otros 3 mil 600 por la vía local.
En suma, administrará 7 mil 200 millones de pesos y nosotros, a penas, llegaremos alrededor de 400 millones. Es inmensa la diferencia.
Con los 400 millones tenemos que atender 17 elecciones de gobernador. 2 mil elecciones de alcaldías. Tenemos que atender 300 elecciones de diputados federales y 660 elecciones de diputados locales. Quiere decir que corresponderán, más o menos, 30 mil pesos por candidatura. Ahora comparen esas cifra contra los 7 mil doscientos millones que tiene el oficialismo, sin contar el dinero del huachicol ni el dinero que se reparte discrecionalmente vía los programas sociales del que se jactan, con chaleco guinda, casa por casa, los servidores de la nación.
Y como corolario de todo, la siniestra presencia del crimen organizado y del narcotráfico en vastas zonas del país que financia campañas, decide candidatos e inhibe la participación libre y democrática.
Podríamos seguir con esta lista pero el tiempo se acaba. Subrayo: estamos ante un edificio distinto una nueva constitución material y también escrita que concentra el poder en el ejecutivo a costa de los otros poderes, el judicial el legislativo y los órganos autónomos.
Vamos a la primera elección que transcurre en la tiranía constitucional o en un autoritarismo constitucionalizado.
Cada pieza de inequidad electoral merecería un tratamiento serio, riguroso, tajante por parte de esta autoridad. Pero visto en conjunto, la suma de las piezas que acabamos de resumir, impresiona y abruma. El todo resulta mucho mayor que las partes y su conjunto admite el nombre de una elección de Estado.
No obstante, todos estos excesos, esa cancha dispareja, toda esta inequidad, toda esta maquinaria para inclinar la balanza electoral exhibe asimismo la debilidad de la coalición gobernante: exhibe su miedo a perder el poder por las buenas.
No hay nada como partido hegemónico no hay nada como una enorme aprobación nacional por el oficialismo: lo que hay es una polarización extrema que se pondrá a prueba en las urnas el próximo 2 de junio.
No hay tal cosa como la invencibilidad del gobierno y su coalición, lo que hay es su miedo por perder el poder después de tanta ineptitud y corrupción. Pueden presumir la popularidad de la presidenta, pero no pueden ocultar la desaprobación mayoritaria del electorado, en todos los temas críticos, en los asuntos que le importan a la nación.
De ahí su necesidad de recurrir a las trampas, las argucias y los enormes recursos que les da su poder para mantenerlo aunque sea a la mala de manera grosera, inequitativa, inconstitucional e ilegal.
Por eso decimos: los excesos oficiales para inclinar la cancha a su favor hablan de su arraigado autoritarismo, pero no hablan de su fuerza sino de su debilidad y su temor.
Saben que no podrán ganar las elecciones por sus méritos, porque son los gobiernos de peores resultados de la novicia democracia mexicana: en materia de salud de educación en la gestión de la pandemia en infraestructura pública, en combate a la corrupción y eso está a la vista de todos.
El peor desempeño económico en un siglo; un insólito retroceso en la cobertura educativa y en la calidad del aprendizaje de millones de jóvenes y -nosotros no olvidamos- la muerte de 807 mil mexicanos por esa gestión criminal de la pandemia.
La democracia mexicana todavía tiene una esperanza en las próximas elecciones y esa esperanza reside en hacer más fuerte su pluralismo, en crear contrapesos a un poder abusivo y en abrir la puerta a gobiernos y a congresos que puedan impulsar otras políticas y otros rumbos para las regiones y para toda la nación.
Señoras y señores: para eso ha nacido SOMOS. Para defender las piezas fundamentales de una vida colectiva en paz, en libertad, en igualdad, con derechos, con seguridad, sin patronazgos, de ciudadanos adultos e independientes.
SOMOS se propone convertirse en una opción ciudadana, libre y inexorablemente crítica. SOMOS es una oposición firme y escrupulosa que nace para enfrentar el autoritarismo, el populismo y el cinismo en la política, en el gobierno y en su partido.
SOMOS no es vehículo de cúpulas ni el aparato de dirigentes petrificados en sus cargos. Es el espacio de encuentro y de participación de mujeres, de jóvenes, de la ciudadanía alerta, alarmada por la degradación de la vida pública, que ha traído el autoritarismo gobernante.
SOMOS nace ocupado en la causa de las mujeres, igualitario obsesivamente feminista.
SOMOS, es el partido de la democracia a la que las mexicanas y mexicanos de esta generación, no sabrían, deberían y no podrían renunciar.
Muchas gracias.

