Suponiendo sin conceder que la involución es sin duda uno de los más lamentables actos del acontecer humano, y cuando ésta no ocurre de manera involuntaria sino, por el contrario, de forma planeada y “pensada” estamos ante un acto por demás irracional aunque se pretenda hacer pasar como algo estratégico y aun metódico.
El periodismo es por definición una actividad falible en cuanto que es humana, sin embargo, cuenta con elementales reglas, cánones, postulados e incluso, en su evolución, con axiomas epistemológicos que lo convierten en una actividad eminentemente intelectual con perfil social, es decir, que busca favorecer el bien común.
Pues todo eso se va al diablo llanamente cuando un medio de comunicación decide involucionar voluntariamente, si se me permite la expresión cuasi kafkiana, como sucede cuando un diario de corte político decide pergeñar, diseñar y publicar un suplemento que tiene a la basura como elemento principal.
Y no, no es metáfora; el diario Criterio, de circulación estatal que tiene su residencia en el estado de Hidalgo, tuvo la desgracia de que sus editores tuviesen en sus manos alguno de los ejemplares del periodismo basura que ya existen en la capital del país desde años ha, tal como Metro, del grupo Reforma, El Gráfico, de el Universal, o La Prensa de la OEM y, bajo esos parámetros de “calidad”, crearon un suplemento policial llamado “S.O.S”.
Como ya lo mencionó en etcétera la periodista Irasema Rodríguez, las perlas de esta publicación son de un nivel incalificable: “Morros ebrios se dan duro”(choque de jóvenes alcoholizados), “Truenan cinco en brutal llegue”(otro choque), “Mujer encuentra dedo en ensalada que encargó en un restaurante”(nota fantasiosa cuya fuente fue ilocalizable), “Se la mete ñor(sic) dentro de motel(un hombre se suicidó dentro de un motel, sí, lo que se “metió” fue la bala)”, “Huevos estrellados” (donde se daba cuenta de un accidente donde un hombre resultó con quemadura y exposición de sus testículos)
Con el albur como arma periodística, éste suplemento diario concibe al periodismo como el arte de vender basura bajo la explotación del morbo popular; de minimizar el intelecto del lector preparando materiales donde la nota roja pierde su esencia y degenera en un nuevo estatus al que habría que encontrarle un epíteto.
El cuerpo de editores da cuenta de términos que pretenciosamente buscan encajar en un caló ajeno a la región como “morro”, “ñor”, “nave”,y otros donde alguno de los responsables (es un decir) pretende presumir su conocimiento de las jergas léxicas más populares y termina por exhibir su pobreza periodística.
Esta publicación rompe inmisericordemente con cualquier postulado ético y epistemológico del periodismo bajo el argumento, peregrino argumento, de que “el pueblo” gusta de esa información basura presentada como basura pura, al hacer gala de escarnio a víctimas de siniestros cuya desgracia está plasmada en la portada, arriba del cabezal, junto a un signo de $.
Palabra es acción
Mi entero agradecimiento a la revista etcétera y a su director, Marco Levario Turcott, por la oportunidad.
