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“Sólo les voy a dar una pista. Saquen sus conclusiones. Es mujer”, soltó satisfecho el senador Mario Delgado, confirmando que Claudia Sheinbaum era la candidata de Morena al gobierno de la CDMX.

Dos minutos antes, la delegada de Tlalpan, sin ocultar la sonrisa, pedía disciplina a sus compañeros perdedores y paciencia a los reporteros: “Lo único que les puedo decir es que ya se va notificar formalmente de parte de Morena y que nos vamos a mantener unidos”.

Había terminado en el Hotel Benidorm, este jueves 24 de agosto, la reunión en la que los aspirantes a la candidatura conocieron los resultados de la encuesta que definiría al ganador.

Después vendría el anuncio por Twitter de Martí Batres de que Sheinbaum estaba en primer lugar por tener la mayor preferencia entre la población.

Según el tuit del dirigente capitalino de Morena, él quedó en segundo sitio y Ricardo Monreal en tercero. A Mario Delgado ni siquiera lo mencionó.

Pero nadie explicó la metodología ni los aspectos evaluados en encuesta que nadie se tomó en serio.

Porque a diferencia del histórico dedazo del PRI, en torno al que siempre se asume que la última palabra la tiene el Presidente en turno, en el partido de Andrés Manuel López Obrador se hizo un montaje que ni sus operadores respetaron.

Nuestro colega y amigo Francisco Garfias reveló en estas páginas, hace una semana, que los dirigentes de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, y del Partido del Trabajo, Alberto Anaya, fueron alertados por Yeidckol Polevnsky sobre quién sería la ungida.

El aviso de la secretaria general de Morena buscaba frenar la interlocución de Ricardo Monreal con MC y PT, fuerzas donde el jefe de la delegación Cuauhtémoc tiene ascendencia y ante las que ha operado como enlace con AMLO.

El acto de imprudencia, o acaso de prepotencia, de Yeidckol anticipó que la encuesta aún no levantada para entonces sería una farsa.

Y hubo más: gente del primer círculo de AMLO, incluido su hijo Andrés López Beltrán, Andy le llaman, fue adversa a cualquier manifestación de apoyo a Monreal.

De manera que los morenistas saben que el piso parejo no existió.

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