La instalación de la todopoderosa Asamblea Constituyente chavista en Venezuela barrió las protestas contra el presidente Nicolás Maduro, y hoy, muchos de los que participaron se curan las heridas de la batalla: reinan las cicatrices y la desesperanza.
Y es que fueron más de cuatro meses en los que cientos de miles de venezolanos exigieron la salida del mandatario del poder con elecciones generales, enfrentándose a policías y militares que frustraban día tras día cada marcha con perdigones, gases lacrimógenos y hasta balas.
“El gobierno ha logrado ganar, pero arrancó con ventaja porque controla las instituciones y tiene el dinero. Controló a sus adversarios con el uso de la fuerza y esos fracasos generaron frustración y fracturas en la oposición”, afirma a EL MUNDO el analista Luis Vicente León.
Las manifestaciones dejaron, según el antiguo Ministerio Público que controlaba la ex fiscal rebelde Luisa Ortega, unos 125 fallecidos, mientras que la ONG de derechos humanos, Foro Penal Venezolano, eleva esa cifra a 133.
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