La muerte del oso polar, ¿por el calentamiento global?

El oso polar que murió, ¿por el calentamiento global?

El deseo de creer remite siempre a las emociones, en tanto que el ímpetu del pensamiento a la razón. Suele suceder que el estallido de los sentimientos inhiben la inteligencia y, a veces también, esos estallidos generan proclamas que, vaya paradoja, pretenden rescatar nuestra propia humanidad. Piensen en el oso blanco que camina desfalleciente. La fotografía dio la vuelta al mundo. Mejor, en la era de internet la rapidez comprende un recorrido, la difusión de algo puede ser inmediata, simultánea y universal. Ese animal agoniza, parece una figura de origami, vamos, es un plegado de papel apunto de caer inerte por culpa del calentamiento global porque, no cabe duda, el mamífero que seguramente en otros tiempos fue implacable, ahora es víctima de la ferocidad humana, según quienes captaron la dramática agonía.

El oso está exhausto y así, en agonía, busca comida en un basurero de la isla de Baffin en el noroeste de Canada. Cristina Mittermeier es la fotógrafa mexicana que captó las imagenes, y dice que ella y Paul Nicklen, su colega, lloraron al filmar también al mamífero desguazado. The New York Times y otros medios dan la voz de alerta: el drama debe significar algo y ese algo es llamar la atención del mundo para enfrentar el descongelamiento de los polos.

Estamos conmovidos con la historia. Todos creemos porque lo vemos y porque lo queremos creer. Pero vale la pena pensar (siempre vale la pena). Quienes captaron las imagenes no son científicos, ignoran o si lo saben lo omiten, que el oso fue captado en el verano austral, o sea, cuando no hay hielo, y que imágenes como esas son frecuentes en el mundo animal cuando envejece el oso o el león o algún otro mamifero; los leones se separan de su manada y mueren de hambre luego de varias penurias, por lo regular infecciones de la piel; también los matan otros animales como los búfalos. Así pasa, insisto. Enferman y mueren. Además, el hielo no desapareció así de inmediato y, por ello, el mismo Paul Nicklen admite no tener una sola prueba de que el calentamiento global sea la causa del oso moribundo.

Todos estos reparos no le han gustado a Mittermeier quien dice estar intentando “no sentirse herida por los comentarios negativos que generó la historia”. Lo cierto es que no hay pruebas de que el oso hubiera muerto por el deshielo. Más aun, hay decenas de osos saludables en esa región (¿Por qué habría muerto solo uno?) El estallido de los sentimientos no puede inhibir la inteligencia, ni aunque el video lo difundiera National Geographic.

Estoy convencido de que pensar nos hace más humanos.

*Agradezco a Orquídea Fong y Alberto Gonze su acicate para el pensamiento razonado.

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