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Los académicos acaban de actualizar el diccionario con más de 3.000 incorporaciones y reformas, pero se les ha olvidado la quinta acepción del adjetivo “fácil”: “Dicho especialmente de una mujer. Que se presta sin problemas a tener relaciones sexuales”.

Entre las entradas destaca “posverdad”, “vallenato”, “clicar”, “postureo” o “buenismo”, y, tras la presión de las redes sociales, se van limando también ciertos sesgos sexistas del lenguaje que se han asumido, tradicionalmente, sin ninguna connotación o retintín intencional, como algo natural. Es el caso de “sexo débil”, que hasta ahora catalogaba al “conjunto de las mujeres”: gracias a una campaña viral, Change.org mediante, se solicitó la revisión de la expresión. Por ese zafarrancho, al concepto “sexo débil” le acompaña ahora una marca de uso que aclara que se emplea “con intención despectiva o discriminatoria”, y a “sexo fuerte”, referido al “conjunto de los varones”, que se usa “en sentido irónico”.

La última operación de cirugía estética a la que se ha sometido al diccionario de la RAE, que data a finales de 2017, trata de “prescindir de aquellos elementos que a la sensibilidad actual resultan ofensivos y no son imprescindibles”. Esto en palabras de su director, Darío Villanueva. Pero avisa: “Nunca haremos un Diccionario políticamente correcto, porque eso simplemente lo destruiría”.

Más información: http://bit.ly/2BQiXw9

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