Cuando las primeras redes sociales aparecieron, algunos las vieron como instrumentos capaces de conectar a los ciudadanos de todo el mundo, de mejorar la convivencia entre culturas, pueblos y grupos sociales. Hoy, transcurridos 14 años desde la fundación de Facebook, el optimismo sobre su potencial se ha ido hundiendo a medida que esta y otras plataformas se llenaban de odio y rencor.
En Alemania, donde se ha vivido un repunte de este fenómeno tras la denominada crisis de los refugiados de 2015, el Gobierno ha decidido tomar cartas en el asunto. Pero donde el ministro de Justicia, Heiko Maas, ve una lucha efectiva contra los mensajes de odio, toda la oposición, así como gran cantidad de expertos y analistas, señalan que las consecuencias prácticas de la ley entran en conflicto con la libertad de expresión.
“Desgraciadamente, viendo de la manera en que se está aplicando, se están cumpliendo todas las preocupaciones que se habían puesto sobre la mesa con anterioridad a que se aprobara la ley, en relación a bloquear más de lo debido, como mensajes de revistas satíricas, o limitar parcialmente la libertad de expresión”, explica desde el otro lado del teléfono Felix Hilgert, abogado alemán especializado en tecnologías de la información.
La ley entró en vigor el pasado 1 de enero y recoge multas de hasta 50 millones de euros para las empresas que no eliminen contenido que no respete la legislación alemana. Los plazos varían dependiendo del tipo de violación que se denuncie. Para mensajes calificados como “manifiestamente ilegales”, tienen 24 horas tras haber recibido la queja. Para contenidos considerados como “ilegales”, en cambio, el plazo puede ser hasta de siete días.
La NetzDG, como se conoce en Alemania a la nueva legislación, solo se aplica a “redes sociales”, es decir, “plataformas diseñadas para que los usuarios compartan contenidos entre ellos o para hacer que ese contenido sea disponible para el público”. La definición afecta, entre otras, a Facebook y Twitter, pero dejaría fuera a WhatsApp y otras aplicaciones de mensajería directa.
Los recelos de los expertos ante la nueva ley se centran en que, ante la posibilidad de ser multadas, las empresas puedan caer en la tentación de bloquear gran cantidad de mensajes que sean denunciados por los usuarios, a pesar de que no constituyan ningún delito.
CUENTAS SATÍRICAS BLOQUEADAS
Los problemas no han tardado en aparecer. Solo unos días después de haber sido aprobada, la cuenta de Twitter de la revista satírica Titanic fue suspendida después de parodiar un mensaje de Beatrix von Storch, vicepresidenta del ultraderechista AFD (Alternativa para Alemania), un mensaje, el de von Storch, que también fue bloqueado.
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