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En los países civilizados la gente vota y antes de irse a dormir sabe quién será su presidente. No se duerme temprano, pero nada que le impida estar bien al día siguiente.

Eso, por cierto, habíamos logrado en México en la mayoría de las elecciones, con excepción de aquella que terminó con medio punto porcentual de diferencia, pero en esa se entiende.

¿Cómo habíamos logrado esto? Dos maneras: mediante el PREP y los conteos rápidos.

Dada la enorme complejidad de esta elección concurrente —nunca ha habido tantos puestos de elección en juego en una sola elección— y por la obvia necesidad de cada vez más acelerar el proceso para dar a conocer los resultados y con eso dar certeza, cambiaron algunas partes del reglamento de elecciones. Fundamentalmente esto tenía que ver con abrir todas las urnas para, sin hacer conteo, identificar boletas que hubieran estado depositadas en urnas equivocadas, ponerlas en su lugar y hasta entonces contar y llenar actas más rápido. Pasa mucho que boletas de presidente se depositan en la urna de senadores y las de diputados en alcaldes, y así; la ley, por cierto, no contempla cuándo debía revisarse lo de las boletas equivocadas.

También cambiaron la reglamentación para que el traslado de paquetes a las juntas —donde se hace el PREP — se hiciera sin esperar a otras elecciones. Un asunto de rapidez.

Más información: http://bit.ly/2CzvQem

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