Recomendamos: Manual de instrucciones para leer ‘Lolita’

Que hable Vladimir Nabokov: “Lolita no es una niña perversa. Es una pobre niña que corrompen(…) Y es muy interesante plantearse, como hacen ustedes los periodistas, el problema de la tonta degradación que el personaje de la nínfula que yo inventé en 1955 ha sufrido entre el gran público. No solo la perversidad de la pobre criatura fue grotescamente exagerada sino el aspecto físico, la edad, todo fue modificado por ilustraciones en publicaciones extranjeras (…). Representan a una joven de contornos opulentos, como se decía antes, con melena rubia, imaginada por idiotas que jamás leyeron el libro”. En 1975, durante una entrevista con Bernard Pivot en el programa Apostrophesal que acudió con las respuestas escritas y una tetera con whisky, Nabokov apostató de la Lolita encumbrada desde hacía más de una década por el cine y las revistas. La versión de Stanley Kubrick estrenada en 1962, con Sue Lyon de protagonista, se implantó en el imaginario universal como prototipo de la adolescente perversa capaz de enloquecer a un adulto, lejos del original de Nabokov, que insistía en aquella entrevista: “Fuera de la mirada maniaca de Mr. Humbert no hay nínfula. Ese es un aspecto esencial de un libro singular que ha sido falseado por una popularidad artificiosa”.

Más de seis décadas después de su publicación, Lolitasigue dando que hablar. Aunque las razones son otras. La escritora Laura Freixas, en un artículo en este periódico el pasado 21 de febrero, atacaba la novela: “Está escrita de tal modo que consigue hacernos olvidar que está mal violar niñas”. En un debate celebrado días después en EL PAÍS, añadía: “Ha sido interpretada muy ampliamente de una forma tal que justifica la violencia diciendo que es una historia de amor”. Freixas insistía en que su defensa de la libertad creativa no exime al autor de cierta responsabilidad ética.

“El arte tiene una extraterritorialidad en el terreno de la moral, que se la gana a pulso con la calidad”, sostiene José-Carlos Mainer, catedrático de Literatura de la Universidad de Zaragoza, contrario a que lo políticamente correcto impregne las lecturas sobre la creación. “Me temo que va a ser muy difícil que la historia de la literatura, del arte, resista el asalto combinado de la moral. Ya pasó con Savonarola, que en un momento determinado estuvo a punto de cargarse el Renacimiento en Florencia, pero es terrible que vuelva a suceder cuando tenemos una experiencia histórica de lo ocurrido”, reflexiona.

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