Todo el poder

Los primeros pasos y declaraciones de López Obrador han sido positivos buscando tranquilizar a quienes lo ven con resquemor y miedo. Quizá lo más destacable en estas primeras horas es que queda la impresión de que se están construyendo nuevos ánimos, después de pasar años de vivir en medio de enojos, desánimo y desesperanza.

No es que las cosas estén o vayan a cambiar como por arte de magia; lo que pasa es que el hecho de que López Obrador haya ganado con tanta autoridad le otorga, entre sus millones de votantes, nuevos ánimos y bríos y la posibilidad de entornos esperanzadores. Ganó el candidato por el que optaron y es ya uno de los suyos.

El reto es formidable. No sólo la complejidad que será instrumentar todas sus propuestas, sino también cómo hacerlo, como le planteábamos ayer, y también crear condiciones para poder hacerlo.

El tema central durante los próximos meses es la reconciliación y la llamada operación cicatriz. La sociedad mexicana está enfrentada y no está nada fácil reconciliarla. Los muchos mensajes de felicitación, tanto internos como externos, que ha recibido López Obrador pueden adquirir otra dimensión al paso de los meses. La razón está en que muchas de sus propuestas tarde que temprano van a afectar intereses establecidos.

Estamos bajo el terreno de la civilidad y lo políticamente correcto, lo que incluye a los más críticos del tabasqueño.

Estamos caminando entre lo que muchos llaman el beneficio de la duda; entre quienes se están cambiando de bando para irse acomodando; en que el aparato que acompaña a los medios de comunicación está echado a andar, con una obligada nueva, interesada y oportunista perspectiva; en que el actual sexenio ya es historia en todos los sentidos; entre que “viéndolo bien el cambio era necesario”, más lo que se vaya sumando estos días.

Pareciera que es inevitable estar entre el análisis y el oportunismo de ocasión. Es un escenario inédito que coloca al propio presidente virtual elogiando a los medios de comunicación, en particular a aquellos con los que se la ha pasado en un máscara contra cabellera a lo largo de muchos años; “gracias a Televisa”, dijo el lunes.

La victoria de López Obrador, en forma y fondo, obliga a muchos a calmar su belicosidad. Triunfos inéditos llevan a escenarios inéditos. No estamos en el 2000, en el que PAN y PRI, con diferencias, caminaban y vivían bajo similares derroteros y, sobre todo, intereses comunes.

Más que ante posibles reacomodos, todo indica que vamos hacia nuevas reglas, nuevos actores políticos y sociales y nuevos escenarios.

La sociedad, con su voto, decidió otorgarle un gran poder a un solo hombre. No sólo fueron los sufragios directos a López Obrador, sino también fue el voto indirecto para el Congreso.

A ver qué hace el futuro Presidente de México con todo el poder.

RESQUICIOS.

Así nos lo dijo ayer EDUARDO BACKHOFF, expresidente del INEE: Lo que he podido ver sobre la REFORMA EDUCATIVA son las declaraciones de LÓPEZ OBRADOR, y los que parecen ser matices por parte de ESTEBAN MOCTEZUMA. Creo que los cambios van en serio y serán profundos, en particular, en lo referente a las EVALUACIONES con PROPÓSITOS DE PERMANENCIA.

La DEROGACIÓN de la REFORMA no es un asunto tan sencillo y probablemente vayan a presentarse importantes matices para continuar con ella. Hay elementos que no tendría sentido cambiar, como las escuelas al centro, el papel del propio INEE, la infraestructura para las ESCUELAS, y hasta la enseñanza del INGLÉS.

Lo que está pasando en CHIAPAS quizá pueda cambiar si AMLO revisa el tema de las EVALUACIONES. No querrá riesgos en el ESTADO, al tiempo que deberá considerar a los muchos MAESTROS que a través de EVALUACIONES tienen su PLAZA, se la han ganado.

Quizá LÓPEZ OBRADOR no ha hablado en estos días de la REFORMA EDUCATIVA porque no es lo mismo estar en CAMPAÑA, que ganar las ELECCIONES.


Este artículo fue publicado en La Razón el 5 de julio  de 2018, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

Autor

  • Javier Solórzano

    Javier Solórzano es uno de los periodistas mexicanos más reconocidos del país, desde hace más de 25 años. Licenciado por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México, cursó estudios en la Universidad Iberoamericana y, hasta la década de los años 80, fue profesor de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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