A un año de las elecciones presidenciales, la escena nacional se terminó de perfilar para que México deje de seguir siendo, definitivamente, el único país de Latinoamérica que no ha sido azotado por la polilla recóndita del populismo.
El trepidante avance de AMLO en los comicios del domingo aportó la última gota al frasco del veneno que estamos a punto de beber:
1.- En sólo tres años de vida, Morena ganó la preferencia de los electores en 44 municipios, pese a estar profusamente documentado que es un partido corrupto, y dirigido por la inspiración divina de un solo hombre, que, además, confía la estructura y los dineros únicamente a dos hijos casi imberbes.
2.- Son casi incuantificables los casos de corrupción relacionados con el partido gobernante, el cual parece cada día más distante y aislado de los votantes, en especial con candidaturas decididas más en intereses personales que en la realidad.
3.- La insensatez de una mayoría de la población la empuja ciegamente (como las mariposas al fuego) a creer que su papel en la sociedad es atacar al gobierno y destruirlo, olvidando que este gobierno se despide en 2018 y que, en realidad, a lo que atacan y a lo que destruyen es a la democracia.
4.- De nada vale que la economía vaya bien: en el primer trimestre de 2017 creció 2.7 por ciento, cuando los analistas anticipaban un 2.5 por ciento. Se trata de la mayor expansión de la economía mexicana desde el 2015, según Inegi.
De nada vale que, de todas las monedas importantes, el peso es la única del mundo que se fortaleció desde que el 20 de enero llegó Trump a la Casa Blanca: tuvo un alza de casi 20 por ciento. Ayer, por ejemplo, cerró en 18.65 unidades por dólar gracias a que los mercados vieron bien la derrota de Morena en el Edomex.
Nada, nada: lo importante es pedir cabezas, demoler lo que sea y, lo que es más inquietante, de manera festinada. Eso indica que quizá es momento de que los mexicanos conozcan los grandes cataclismos que ya hundieron a cubanos, venezolanos, argentinos, brasileños, nicaragüenses, peruanos…
En ese caso, va viento en popa: en apenas tres años Morena ya gobierna en 44 municipios y consiguió la preferencia electoral en zonas encabezadas históricamente por el PRI y el PAN.
En la CDMX tiene cinco delegaciones muy importantes, entre ellas la Cuauhtémoc, que es el corazón de la ciudad; en el Edomex, Texcoco, sede del nuevo aeropuerto internacional; en Veracruz, la capital Xalapa, Coatzacoalcos, Poza Rica, Minatitlán; en Oaxaca, 12 ayuntamientos.
Y su caudillo, líder máximo y cabeza espiritual, tiene la mejor prensa y las mejores redes.
La mesa está servida, pues.
Este artículo fue publicado en La Razón el 06 de junio de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.
