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No me sorprende que en la mayoría de los comentarios acerca del asesinato del periodista Javier Valdez Cárdenas se soslayen las reiteradas denuncias del reportero sinaloense sobre la explotación, la represión y la censura que los informadores sufren en sus propios medios. Por ignorancia o por interés, acaso sólo por corrección, se evade profundizar en el meollo de un problema que afecta de manera cotidiana al quehacer periodístico en nuestro país.


Valdez Cárdenas, curtido como reportero en las redacciones de diversos medios antes de ser cofundador del semanario RioDoce en Culiacán, hace 17 años, solía ser claro, directo y contundente al hablar sobre los abusos de los empresarios dueños de los medios y sus complicidades con el poder público. “Ellos quieren enanos, reporteros que no piensen, que sean automáticos, que pongan la grabadora, que no incomoden, que no cuestionen, que no investiguen, que no sepan a quién están entrevistando”, acusó en una entrevista con Ariel Ruiz Mondragón publicada apenas en diciembre pasado en la revista El Búho, con motivo de la publicación de su libro “Narcoperiodismo” (Aguilar, 2016).


Si te encargan cinco u ocho notas al día, ejemplificó el periodista de 50 años de edad, ¿en qué momento vas a investigar? Y arremetió: “No hay espacio para reflexionar tu trabajo, no hay tregua para dar dos pasos para atrás y decir “¡ah!, las cosas están así”, porque estás en una dinámica tan intensa que no te permite sentir, pensar, sentarte a reflexionar porque son jornadas avasallantes. Entonces te imponen una dinámica que impide que hagas periodismo y que evita que crezcas; por eso digo que a los dueños les interesa que haya enanos en la redacción”.


Más información en: www.sinembargo.mx

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