Venezuela está entrando en una crisis profunda. La razón está en que en otras ocasiones aparecían factores y actores externos que amenazaban e insinuaban que iban a participar; esto está cambiando.
La OEA es la que ha llevado el mayor activismo en contra de Nicolás Maduro, no ha logrado obtener un pleno consenso entre las naciones que componen el organismo continental. El titular de la OEA, Luis Almagro, lleva al menos dos años de confrontaciones verbales de toda índole en contra del gobierno del país sudamericano.
Un primer balance sobre ayer lleva a concluir que la oposición parece que por fin está unida y ha logrado cohesionarse bajo el liderazgo de un joven de 35 años. Cuando hace algunos años lo había logrado surgió Leopoldo López lo metieron a la cárcel, donde, por cierto, continúa.
Juan Guaidó es el político que sorpresivamente se colocó como líder de la oposición. Un incidente hace dos días lo colocó en el centro de la atención nacional y la de todos quienes siguen la situación que se vive en Venezuela.
Fue detenido dos horas en plena vía pública ante la vista de mucha gente, en medio del interminable tránsito de Caracas, sin que mediara orden legal para hacerlo. A fin de cuentas le terminaron paradójicamente haciendo un favor al hacerlo en algún sentido víctima.
Lo que cambia de manera sustancial la situación es que ayer Guaidó, en un acto público ante una multitud entregada, se declaró “presidente encargado de Venezuela”. Nicolás Maduro, en un acto paralelo, aseguró que con la ley en la mano iría en contra de quienes han perpetrado un intento de golpe de Estado. Las fuerzas armadas venezolanas desconocieron también el “nombramiento” de Guaidó,.
Otro gran actor en esta crisis es EU. Desde el lunes el vicepresidente Pence hizo declaraciones en contra del régimen y de alguna manera adelantó lo que pasó ayer. Los tuits de Donald Trump terminaron por armar el rompecabezas de lo que presumiblemente está buscando su gobierno con Guaidó.
El hecho no necesariamente le va a ayudar al joven político al paso del tiempo, puede terminar siendo visto como una imposición externa con una marca cuestionable: EU y Donald Trump.
El presidente de la Unión Americana en uno de sus siempre impredecibles tuits planteó: “todo el peso económico y diplomático de EU para presionar para la restauración de la democracia venezolana”. Previamente había reconocido a Juan Guaidó como “presidente interino de Venezuela”.
La respuesta de Maduro fue inmediata y fulminante. Rompió relaciones de todo tipo con EU, y le dio dos días a sus funcionarios acreditados en Caracas para que salieran del país.
Otro actor en el proceso es México. El gobierno de López Obrador pudiera ser un interlocutor en la crisis. Ayer el Grupo de Lima, en el que ya no sabemos si nuestro país pertenece o no, apoyó en todo a Juan Guaidó.
El Grupo no ofrece confianza alguna al gobierno de Maduro, al cual no tiene sentido desconocer o menospreciar, porque tiene una representatividad real en todo el país. Quienes apoyan y están con el personaje que ve pajaritos, que le cuentan cosas sobre Hugo Chávez, o que va al futuro en rápido viaje de ida y vuelta, lo van a seguir sin importar el costo.
México debe atemperar los ánimos. Tiene la autoridad interna y externa para involucrarse y ser un interlocutor para imaginar salidas ante la crisis. La oposición venezolana ve a López Obrador con distancia, habrá que explicar la institucionalidad de nuestra política exterior.
Pocos actores pueden influir como México. Es responsabilidad del gobierno ser factor en la crisis y entender que Maduro es desde hace años parte importante del problema. El tiempo corre peligrosamente.
RESQUICIOS
Han sido los gobiernos los que han menospreciado a los medios públicos. Han sido los medios privados los aliados históricos de los gobiernos, con quienes han cogobernado. Los medios públicos han sobrevivido, muchas veces mucho muy bien, a pesar de los gobiernos.
Este artículo fue publicado en La Razón el 24 de enero de 2019, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.
