El pasado jueves, 25 de mayo, Andrés Manuel López Obrador mostró su talante autoritario frente a los periodistas Carmen Aristegui y José Cárdenas, en sendas entrevistas. El líder de Morena reclamó a Aristegui su cobertura sobre Yunes, entre otros asuntos que, según él, ella debiera abordar; en ese terreno incluso criticó duramente a El Universal porque “ocultó a los muertos del 68” –y la periodista no le recordó que él militó en el PRI luego de 1968 e incluso luego de la masacre de 1971–.
El líder de Morena siguió exactamente el mismo guión que hemos visto y oído en las últimas semanas –la frase de Díaz Mirón, la mafia del poder o que él es peje pero no lagarto, entre otras como “yo te lo digo suavecito, poco a poquito” y con “todo respeto”– pero “los periodistas editorializan mucho”, le señaló a Aristegui o le llamó calumniador a José Cárdenas. La titular de Aristegui Noticias intentó esquivar las groserías de López Obrador –que fueron varias– en tanto que José Cárdenas no tuvo la misma tranquilidad de Aristegui y enfrentó al tabasqueño en los términos que ustedes conocen. A los dos les intentó dictar lineamientos periodísticos y ninguno acepto; qué bueno.
Andrés Manuel López Obrador no se muestra sereno y ahora mismo está comprobando que las frases no son suficientes para persuadir, que se están desgastando y que las precisiones son cada día un imperativo mayor. Ya no ayudan las muletillas como las antedichas o el dedo parlante para evadir las preguntas. Más aún, parece fastidiado, como si empezara a sufrir el desgaste de tantos años de campaña electoral, es decir, una de sus principales ventajas que es el proselitismo adelantado muestra ya alguno de sus costos, un hartazgo que desde ahora nos permite conocer con claridad su talante político en particular, su resistencia a la crítica de la prensa. Antes criticó a Proceso, El Universal y Reforma, ayer a esos dos periodistas y hoy mismo al periódico Reforma.
“Benditas sean las redes sociales”, dijo Andrés Manuel a Carmen Aristegui para reprocharle a ella (sí, a ella) la falta de espacio igual que los demás medios de comunicación. El dato no es menor: igual que otros actores políticos antisistema, el líder tabasqueño está rompiendo con los medios, creo que como parte de una estrategia, para dirigirse a los ciudadanos a través de las redes sociales. Ya veremos, pero lo que sí podemos asegurar de este modo es que el líder de Morena no soporta la crítica.
Marco Levario Turcott
