Vivo en un país en el que el Presidente que se dice de izquierda no cree en el Estado. Es raro. Es un poco neoliberal.
Ayer quedó clarísimo. Como ya lo hizo con estancias y casi lo hace con los refugios, Andrés Manuel López Obrador insiste en construir clientelas, no en construir Estado que haga realidad los derechos de los ciudadanos.
Si alguien se había confundido sobre esta idea, ayer la dejó muy clara con una (otra) población vulnerable.
Habló de su plan clientelar: “La pensión a un millón de personas con discapacidad que significa una inversión sin precedente. Nunca en la historia de México se había destinado tanto y les invito a que revisen el gasto público sobre esto. Hablamos como de 18 mil millones de pesos, pero se creó un instituto. El instituto tiene 600, 800 millones, algo así. Para niños de la calle un instituto. Para madres solteras un instituto. Para adultos mayores un instituto. Y cada instituto con un director general o directora general o coordinadora. Con sueldos de 150, 200 mil pesos con direcciones, jefes de departamento, viajes al extranjero, porque había que ir a Europa a aprender…”.
Pues sí, señor Presidente, según alguna izquierda, no la de usted, el Estado crea instituciones para eso. No. Repartir dinero no alcanza en algunas situaciones. Además, son compromisos internacionales del país con los derechos humanos, convenios firmados, cosas fifí.
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