Cualquiera menciona a Giovanni Sartori para pavonearse de leer lo que no analiza y para dar la idea de un deslinde personal contra el maldito sistema; el autor es un ejemplo relevante de la cumbre en la que puede situar a alguien la “cultura” políticamente correcta. Sin embargo, la tradición crítica a la que pertenece el intelectual italiano es, en el ámbito de los medios de comunicación, profundamente conservadora, y además simplifica las complejas interacciones sociales, en particular con el libro que lo hizo aun más famoso en los últimos años (y que cita cualquier militante que se respete aunque no lo hubiera leído).
Desde los cuestionamientos al papiro, e incluso al libro –así como se lee, al libro–, hasta los señalamientos contra el radio y el cine, y luego la televisión hasta nuestros días con Internet, la crítica de los dispositivos de comunicación han sido resistencias contra el desarrollo de los vasos de interrelación social y el despliegue de la tecnología que ello implica. Admoniciones más que análisis y proclamas más que reflexiones serias sobre las audiencias; a esa escuela pertenece Sartori (más allá de sus aportes a la teoría política en las democracias).
Simplificar no es nada más un riesgo de la televisión, también lo es cuando se estudia a los medios de comunicación. No es verdad que la televisión destruya la capacidad de abstracción, como decía Sartori; lo que destruye la capacidad de abstracción es creer que el hombre es como un mosco que se deja atraer por la luminosidad de un foco o la clarividencia de una proclama que además no tiene verificativo en la realidad concreta: la recreación cultural –intelectual y política– no es definida por el dictado de un haz de luz.
Escudriñar en la construcción de la opinión pública es, como señalara Habermas, una compleja interacción entre el mundo de los símbolos y la interacción comunicativa.
Sartori señaló regularmente que la Ciencia Política puede prever fenómenos sociales, desde luego estoy de acuerdo. Incluso aunque el propio teórico de los poderes de las democracias no hubiera avistado que Internet implica transformaciones tan relevantes como la imprenta o la revolución industrial y que ahora, con las redes sociales, comprende formas distintas de la interacción sociales que incluso determinan gobiernos o evalúan a la administración pública, y es que los anteojos de Sartori no sólo estuvieron empañados para mirar a la televisión sino para comprender la triple W.
Nota uno: Para quienes quieran profundizar más en esos temas los remito a un ensayo mío que se encuentra en el portal de etcétera.
Nota dos: desde luego que tiene un gran valor simbólico la expresión de tristeza por el fallecimiento de un hombre de 92 años igual que las fotografías de los usuarios que lamentan la desaparición del intelectual con quien un día se retrataron. Espero que quienes le lloran pronto encuentren consuelo.
Marco Levario Turcott
