No todo es alteridad: Mission Impossible, RogueNation

Una buena manera de “sacrificar” el presupuesto cinematográfico, para invertirlo en amor líquido –diría Zygmunt Bauman- es no caer en el radicalismo esteta hacia el trabajo que requiere la conceptualización de una película. Es decir, en ocasiones el director de cine puede ser indiferente –al menos creativamente- a los relatos de la historia universal, de los enseres que hay o ha habido en los grandes hombres o las magnánimas empresas morales de Oriente u Occidente; tarea fácil si se desprejuicia y no se dogmatiza el consumo cultural. Así es la praxis y la mímesis de los a priori que cohabitan la filmación, sobre todo, de una películade acción. Por lo tanto, el problema no radica en despilfarrar millones de dólaresen locaciones y montajes espectaculares, en actores vipy recursos de ambientación sonora y digital, sino en cómose gastan los billetes verdes y qué finalidad lúdicase persigue con esos pasivos de lujo. Esto lo reconocen quienes han aprendido a entender las dinámicas de industrializacióny comercialización del séptimo arte: J. J. Abrams, Brian de Palma, John Woo y Brad Bird, por tan sólo citar a algunos, relacionados con el filme que nos ocupa. Estos realizadores lo saben de sobra, porque al ser artistas con una dosis de pragmatismo, no onanistas del celuloide, evitan darse golpes de pecho para beatificar solamente a las incólumes historias de amor y seducción, muerte, tiempo, redención, etcétera. Ante tal contexto, es ya un artificio contemporáneo que géneros como el de Terror (incluye la amplia gama de subgéneros que lo acompañan), o bien, el Suspense (por ejemplo, el thriller psicológico) por encima de cualquier narratología cinemática, sean vistos por las productoras trasnacionales con mayor interésdebido alarentabilidad que ofrecen y el efecto persuasivo que éstos generan en el gran público o espectadores de ilusión; de tal forma, que dichos génerossonexplorados y explotados tanto por directores de Hollywood como por aquellos dedicados a ser considerados impresores de un exquisito” cine de autor”, por lo que las historias con personajes –que sin ser superhéroes o poseer poderes sobre naturales- con el fin de “salvar el mundo” se hayan quedado proscritas últimamente al fracaso o al olvido. A excepción de algunos filmes híbridos(estereotipados por la cultura del cómicola voxpopuli), como lo han sido James Bond, Star Wars, Mad Maxe inclusive Duro de matar, sobre los “churros” de acción (tal vez sea una tautología para los puristas y políticamente correctos) siempre y por los siglos de los siglos, se ha creado la idea de que cuentan lo mismo y para el mismo target. Verdad a medias, si se analiza con restricción desde un enfoque sociolinguístico. Mentira, si las brasas del fuego de la mercadotecnia y la libertad intelectual nos alcanzan prudentes. En pocas palabras, si vamos a comer palomitas, tomar helado (con pistaches, por favor) y beber refresco -ante el fabuloso desquiciamiento de las masas y la provocación audiovisual que no aminora el ocio sino lo reproduce-, debe ser una colusión de actos de conciencia pura, pero de memoria relajada. Sí, no todo es alteridad; sí, no todo es Bergman, Herzog o Kurosawa. Que la mayor colecciónde cintas de acciónsea previsible, efectista y con uno de los perfiles más soterrados en casting y argumento dentro de la burbuja cinematográfica, no nos exime de su poder utópico y apocalíptico. Asíllega al 2015, la quinta entrega de la película Mission: Impossible, RogueNation, una de las sagas que nació con esa palabra tan prostituida por los avatares de la superación y el progreso del nuevo milenio postmarxista: éxito. Protagonizada por Tom Cruise, el actor de 53 años vuelve a mostrar lo que pocos de su generación han hecho: actuar para divertir y no sólo para pensar; dramatizar para irradiar carisma y comprender que como él, la improvisación no tiene desperdicio. Mucho infinitivo y mucha kinesia para los amantes que se admiran y emocionan con la esencia provisora de explosiones, secretos y conspiraciones (aquí lo fantástico es lo conspiratorio y no en la llamada realidad real). Dirigida por Christopher McQuarrie, Mission: Impossible, RogueNation, quien además es escritor de otras latas donde Cruise ha sido protagonista, tal vez baste recordar Valkyrieo Edge of Tomorrow, no escatima en hacernos girar con la lente a lo largo de las más de dos horas que dura la película. Por eso Ethan Hunt (personificado por Cruise), quien nos mete al vértigo y la vorágine con escenas desde un avión hasta puntos de inmersión marina, carretadas de vehículos que se impactan, hasta las típicas reyertas de balazo y persecución u ojeo, es el prototipo que posee las tres Vde la action movie: valiente, violento y voraz. Además, algunos gadgetsde Ilsa, a quien Rebecca Ferguson da vida, nos recuerdan a una especie de femme fatale, lúcida y arcana. Asimismo, los histriones Jeremy Renner (The Avengers) quien encarna a William Brandt y Simon Pegg, agregan un alud de sentido del humor, quizás en el temple de lo básico, aunque rescatable en varios cuadros. Quiero decir que no hay un hilo conductor severo, sin cortapisas, sin embargo, Ethan es el reflejo de la paranoia gubernamental pero también de la doble moral de aquellos que matan a nombre del maniqueísmo y se redimen en sus propios consejos para poder destruir al otro, al diferente. Al final de cuentas, Mission: Impossible, RogueNation, invita a reflexionar en cómo en las películas de acción el discurso político es una apología de la ficción. Corran a verla.

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