Author: Vania Maldonado

Príncipes y princesas

Cada tercer día era la cita, se veían exactamente a la hora convenida. Mariana siempre tenía un nudo en el estómago cuando veía el punto azul que la esperaba. Se regocijaba con los ojos de venado del príncipe de sus sueños, quien enseñaba su musculatura en la foto de su

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El vigilante

Soledad vivía sola. Siempre le agradó la sensación de no tener a nadie cerca. Eran ella, sus hábitos, horarios y su territorio convertido en fortaleza. Entre ventanas selladas, cortinajes pesados y penumbras protegía al cuerpo de la niña que creció con el horror de la madre recostada en el espejo

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El elegido

Natalio vivía desde hace años en una casa muy grande. Todos los días eran iguales al frío que lo hacía acurrucarse y abrazarse a sí mismo cada noche. La naturaleza no fue benévola con él. Voluminoso, calvo, cacarizo, los dientes amarillos. Se esmeraba con su limpieza pero era de esas

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El llanto del nahual

Viernes por la tarde, caluroso con un viento que agita los árboles. Julio caminaba a su casa, quizá el tedio de los eternos reclamos de su novia hacían lentos sus pasos, arrastraba los pies con el recuerdo de la retahíla de idioteces que ella le diría de nuevo, como siempre.

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Rap: mi límite es el cielo

La vida no trae instructivo. No contamos con los obstáculos o los cambios en el camino. Aún así, ¿alguna vez han tenido un sueño? Conocí al Homie y sus amigos, que en un tiempo se dedicaron a vivir en las calles y pisaron el reclusorio. Hoy tienen otras aptitudes, talento,

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La farsa de Larry Mont

Larry Mont era el apodo de Eleuterio Montealbán, un hombre repulsivo. Alto, de piel blanca, nariz an-cha, labios gruesos y resecos, mirada lasciva. Vestía, eso sí, trajes y camisas impecables. Le gustaba ir de cantina en cantina y dar lecciones de vida. Se acercaba a las mujeres con poses de

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Departamento 35 A

Era una tarde cálida. Una chiquilla vestida de azul jugaba sola en la calle, corría de un lado a otro con los brazos extendidos y la cabeza que volteaba hacia un lado y el otro. Se detuvo de golpe. La atrajeron las convulsiones de una mariposa enredada en las formas

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Abajo de mi cama

Estoy sentada en la jardinera. Frente a mí juegan unos niños. Me recuerdo a su edad, vestida de muñeca, blanca palomita con voz estridente que gustaba del desastre, pero llena de miedos: a la oscuridad, a la muerte, a que mami no llegara del trabajo. Pero, ante todo, miedo al

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Cholos: la ley del barrio

Es la ley del barrio uno tres, lo que vivo a diario, como ves, andamos bien locos sondeados, cholas y cholos puros mexicanos. Se raparon el coco y se pusieron las gafas, se plancharon los trapos y se juntó la cholada, de negro, blanco, gris, azul o también caqui, se

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