
Pirotecnia
El ascenso debe doler, implica olvidar, nubes y ceniza desandan el vuelo, se desprende de lo tangible, eventualmente, de lo intangible en la cúspide, lo atrás dejado, en la cima, suele hacer metamorfosis

El ascenso debe doler, implica olvidar, nubes y ceniza desandan el vuelo, se desprende de lo tangible, eventualmente, de lo intangible en la cúspide, lo atrás dejado, en la cima, suele hacer metamorfosis

Las vidas de Chavela y mi abuela se cruzaron varias veces. La primera en la Ciudad de México era 1936. Chavela, de diecisiete años con el cabello trenzado y su guitarra al hombro, tomaba el tranvía para ir al pequeño bar donde trabajaba. Mi abuela, de once años, caminaba de la mano de su padre; era su primera visita

Luces tenues de neón revolotean entre los brazos del maniquí, escondidas en la piel transpirando un llanto ajeno, resbalan bajo el manto y su vestido; el plástico vivo de sus manos dicta plegarias ausentes de girasol; allí, en el sol vacío, está la clave de todo; de lo que fue, lo que nunca será.

El sol casi siempre me recibe ausente, con el carcomer dado por la amabilidad de lo posible, la reciente oscuridad me aturde, casi llevándome al colapso, su claridad me recibe de sonrisa abierta, preparándome para desandar el camino de la lira, titánicos serafines se postran ante la caña, defendiendo el nuevo sol, a la espera de la vuelta de

Cuando me extravío en la cocina, no regreso a los paraísos perdidos, los lazos entre mi cuello y mis manos, impiden el naufragio, hay veces en que no los encuentro, en que no le encuentro, no sé en qué Edén ficticio me encuentro, levemente siento, como el crepúsculo, se vuelve, un faro en la cordillera.

En el dulzor amargo de la palma, me persigue cierta brisa de naturaleza recordatoria, una sinfonía extraña recorre el cansancio de la clarividencia matutina, me llena de imágenes abstraídas del mundo presente; sílfides nihilistas me acosan al mediodía, con sus cálidos huracanes y mito de alquimia, acaso anticipan el regreso de las flores marchitas.

Ayer, antes de dormir, me mentí; dije no extrañar las alturas con su vértigo, sin vacilar, respondí que la rotación no duele, cuando observé el baile, me dije que no la extraño; un embuste más, me canto que ya no hay árboles, puras engañifas, para finalizar, me danzo que la luna no ha partido; los vuelos apócrifos son solamente

Desandar suele ser tedioso; cuando se hace, se experimentan olvidos, olvidados, de las filmaciones de ella habitando el piano, con su voz limpia, de agua clara. Desandar suele ser espuma, quedan solamente colillas para reencontrarla, al final del rastro puede que esté, con su caminar pasivo y sus cigarros de especie dulce.

“Fighting against our destiny would be a battle like the bunch of spikes that would resist the sickle”. Lord Byron Es difícil entender a qué se viene a esta vida. En su caso, el único don que tenía era sobrevivir. Nada le importó la presencia de un diu en el útero, o los brebajes caseros que bebió Margarita para