
La invención de la soledad
El hijo de unos treinta años puede ser cualquiera, digámosle A. La habitación puede ser cualquiera también, entre las viejas y húmedas casonas de los años cincuenta del siglo pasado en Brooklyn. En el centro de la habitación vacía sólo está tirado un muñeco de cerca de un metro de largo; tiene la nariz puntiaguda, las mejillas chapeadas, los








