
Azul que inunda como una ojera de mujer…
Cuando viajas, después de mucho trayecto arrastrando maletas, cuidándolas, te percatas de que lo mejor del equipaje es lo que llevas en el cuerpo; en ese momento te gustaría tirar todo por la ventana del transporte, al tiempo que descubres que el cargamento es la infértil necesidad de convertir la emoción en objeto para llevarte algo de aquel mundo








