Pasan una y otra vez,
por delante
de las viejas vías del tren
como esperando un
regreso nunca llegado,
en las estaciones
vacías de mediodía
les veo merodear,
con la paciencia intacta
y el rostro tiznado,
poseen el equipaje
destinado al claustro
sin trenes venideros,
se quedan rondando
las calles contiguas
al tren,
por si un día pasa
y regresen a la piel.


