A río revuelto, ganancia de saqueadores

El hecho es el descontento social, y las formas de mirarlo son múltiples y contrastantes, algunas también torpes y otras riesgosas.


El gobierno federal primero desestima el malestar social y luego busca atenuarlo con justificaciones y medidas paliativas; así de huevos, y sin haber previsto una estrategia económica, o sea, de repente, el Ejecutivo dice, aludiendo al petróleo, que "se nos acabó la gallina de los huevos de oro" pero que habrá medidas para contrarrestar efectos y lo que ya se sabe, palabrería e ineficacia. Es el PRI que antaño se propuso administrar la abundancia y ahora la escasez, con los mismos terribles resultados.


Además, otra forma de desestimar el descontento social de parte del gobierno federal es plantear la tesis del complot, y con los mecanismos del régimen autoritario de los 70, filtra un documento para señalar que Andrés Manuel López Obrador y otros líderes políticos están detrás de las protestas; el gobierno y ese medio, El Universal, funden y confunden la protesta legítima y legal con actos vandálicos e inmiscuyen injustificadamente al principal líder de Morena (otro asunto es lo cuestionable de que un diario sea comparsa de esas formas cuestionables).


Ver, para creer: el gobierno explica el descontento por un complot y, por su parte, un sector de la izquierda señala que el montaje de provocación política de principios de año se debe a… sí, un complot, además, del gobierno federal. Hay más de mil 500 detenidos y el dato parece que nada significa cuando se trata de la base misma para dilucidar, precisamente, de dónde vino esa provocación.


Pero lo que menos importa es precisamente, eso, saber desde dónde se urdió el montaje para aprovechar el descontento social, cada quien tiene su explicación y con eso basta para enfrentar y acusar al otro. Más aún, hay quienes convocaron al país a una "primavera mexicana", incluso sin precisar qué quiere decir eso, como ocurrió con Carmen Aristegui, para aprovechar el descontento y serle simpática al respetable; dividir las cosas entre buenos y malos y situarse de lado de los buenos siempre rendirá frutos.


Por su parte, ese remedo de la izquierda que llamamos PRD convoca a movilizaciones sin envergadura pues desde hace tiempo está desconectado de las expectativas sociales. En otra perspectiva, el PAN no sale del pasmo, sin idea para dar cauce a las circunstancias se debate entre grillas internas palaciegas y apenas atina a culpar al PRI de todo como si cuando estuvo en el poder hubiera impulsado una eficaz estrategia en cuanto a los hidrocarburos. Todos estos son signos de una crisis política que podría tener mayores alcances, más aún cuando día con día conocemos los enormes privilegios que tienen funcionarios de gobierno e instituciones autónomas además de los legisladores; el dispendio del erario es también gasolina para incrementar el descontento.


Desde luego hay más vertientes que buscan aprovechar la situación, desde ridículas células pretendidamente guerrilleras y sus comunicados que justifican el vandalismo, hasta jóvenes y no tan jóvenes que quieren hacerse los dirigentes del malestar y hasta la renuncia del Presidente esperan, darían risa si no tomarán tan en serio las cosas. Es, en el lado opuesto, el mismo ridículo de las legiones que desestiman el malestar o si lo registran le confieren también fines aviesos (o sea, lo explican con el gran método de razonamiento que se llama "confabulación") cuando no simplemente menosprecian a quienes participan de movilizaciones sociales.


Así de turbias están las cosas por lo que vale mucho la pena que desde distintos frentes se intente mejorar el intercambio público, empezando por el gobierno federal porque, sin duda, es el principal responsable de todo esto.

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