
Lo sabemos: las reglas del futbol profesional las decide la FIFA y la federación de cada país vela porque los árbitros las apliquen; lo mismo pasa con el INE: las reglas las determinan los partidos en el Congreso y el INE las aplica. Sería una tontería que la FMF y los aficionados criticaran al árbitro por aplicar las reglas; en todo caso lo harían porque estos se equivocaran al aplicarlas. En la política esto es más complejo: con total impunidad a veces los partidos y sus seguidores critican al árbitro por aplicar las reglas que los partidos establecieron cuando el INE no puede hacer otra cosa más que aplicar las reglas. Y entonces vean ustedes: todos los partidos cuestionan al árbitro porque no cambia la norma, por ejemplo, para disminuir el gasto del erario para su financiamiento, como si fuera una responsabilidad del Instituto y no de los partidos que, en el Congreso, definen las normas que el árbitro debe aplicar; en esas incluso los ciudadanos cuestionan al INE por las fortunas que reciben los partidos o incluso los ciudadanos piden que éste canalice los recursos para auxiliar a los damnificados por el sismo. La tontería es de la misma magnitud a la que, en pleno partido de futbol entre Atlas y Cruz Azul, la afición le gritara al árbitro que no aplicara el fuera de lugar que marca la regla y se le dijera “¡Árbitro vendido!”; el peor de los casos es que los jugadores del Atlas hicieran lo mismo y de paso criticaran al árbitro por el alto sueldo que recibe y que no fue decidido por él sino por la FMF.
El INE tiene la responsabilidad de organizar procesos electorales, no tiene la responsabilidad de legislar o de disminuir los recursos de los partidos o convertirse en un Instituto que ayude a los damnificados. Sin embargo, igual que la afición futbolera que ignora las reglas, legiones de ciudadanos cuestionan al INE por no ejercer tareas para las que no fue creado. Digamos que es como si yo ahora le pidiera a un árbitro de futbol que supervise las obras en la ciudad de México para verificar que no vuelva a suceder una catástrofe durante un sismo (y reciba los aplausos del respetable). Claro que eso lo saben muy bien los dirigentes de los partidos políticos, pero ellos escurren el bulto para que se critique a los otros, por ejemplo al INE, y no a ellos que, en el Congreso, decidieron los grandes privilegios de los que ahora disfrutan.

