Elogio de la pluralidad

Con más persistencia de la que nosotros desearíamos vale la pena registrar que la pluralidad es uno de los principales signos de la sociedad mexicana, lo cual significa, entre otras cosas, que ninguna opción política puede socavar a otra, en el sentido de negare su existencia y sin duda también en el sentido de pretender hacer creer que esa otra opción tiene por naturaleza fines distintos si no es que aviesos.


Esto viene a colación porque conforme se delinea el próximo proceso electoral en el país, hay diferentes opciones que paulatinamente se van expresando como parte de ese abanico plural y heterogéneo que hemos enunciado, y ese trayecto implica reconocer que los otros forman parte del entramado normativo y legal con los que se deben construir acuerdos porque nadie por sí sólo puede hacerlo, no representa mayoría sino una parte del todo que se conjuga en la administración pública, las instancias de representación y los partidos políticos.


Entonces, las mayorías se construyen reconociendo la legitimidad de la existencia del otro y de plantearse acordar con ese otro la ruta y las formas de la gobernabilidad; no obstante hay que registrar la tensión que hay entre esa necesidad –la construcción de acuerdos– y la falta de reputación que tiene eso precisamente, la generación de pactos, en amplios circuitos sociales que condenan ese ejercicio elemental de la política como si éste fuera sinónimo de transa.


Esperamos que al paso del tiempo ese entuerto vaya deshaciéndose mediante el imperio de los valores democráticos que, en las sociedades modernas como la nuestra, no se explican incluso sin la existencia del otro.


 


Marco Levario Turcott

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