La violencia de género, un flagelo mundial

El intercambio en las redes sociales brasileñas ha sido particularmente intenso durante las horas recientes: lo suscita la difusión de un video donde un hombre inmenso cachetea a una oficial y luego le propina una patada en el rostro, enfurecido porque la chica intervino al notar la riña entre ese hombre y su pareja; las escenas son brutales.


 


 


Contra lo que pudiéramos creer, no hay en Twitter o Facebook un rechazo generalizado a la violencia –y en particular a la violencia contra la mujer–: legiones de brutos arguyen que la oficial lo merecía por meterse en asuntos que no le corresponden, que ignoramos porqué se enojó gorilón –tal vez ella lo engañó con otro, se dice, y de esa manera también se intenta la justificación de aquel energúmeno– por lo que no debiéramos juzgarlo y recomiendan mejor tener prudencia; los más salvajes afirman que la policía lo merecía y los menos salvajes aunque también muy limitados, afirman que eso no es violencia de género, que fue el poder de los puños contra el poder de la autoridad, que si el hombre no fuera tan fortachón la mujer policía lo habría golpeado, y así, ya se sabe, la estupidez es inconmensurable. (Colgamos aquí el video por si no lo han visto).


 


 


En todo el mundo hay franjas que niegan lo evidente, como si fuera una defensa salvaje de los privilegios que les representan el sometimiento en que millones de mujeres se hallan: lo mismo en la trata que en la falta de equidad en las oportunidades laborales, lo mismo en la madre que demanda una pensión para sus hijos que jamás llega, que en las mujeres que no forman parte de los patrones estéticos e incluso sexuales predominantes (son “manfloras, o lesbianas o parecen hombres que les faltan huevos y así…”). En América Latina, las cifras de la violencia a la mujer son alarmantes, indignantes, como en nuestro país, en donde mueren por esa condición, sí, por ser mujer: los feminicidios en el Estado de México o las jóvenes de las regiones indígenas que son vendidas de acuerdo a su edad y situación civil, si son viudas o solteras. Como allá en Brasil, aquí legiones dicen que no, que no hay violencia contra las mujeres sino que se trata de la violencia en general, en una postura que ayuda mucho a que se mantenga la indignante vejación a la mujer por el hecho de ser eso, mujer.Y no sólo, hay quienes demandan que no haya justicia contra alguien que vio pisoteada su integridad física por el hecho de que es famosa y es legisladora, y como los famosos tienen privilegios y los políticos son miserables, merecen lo que les pasa. De ese tamaño es una de las grietas que se abren, y que tienen pus, en muchas sociedades contemporáneas como la nuestra.


 


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