Más allá de las exageraciones propagandísticas sobre el significado que tienen los Papeles de Panamá para el periodismo y la información en el mundo, esa enorme filtración –no investigación– difundida a partir del domingo pasado configuró un tema muy relevante, sin duda. La dimisión del primer ministro de Islandia y la crispación política en Argentina porque el primer mandatario forma parte de los datos, por mencionar sólo dos casos, prueban el efecto de aquellos papeles. Otro asunto es la negativa del diario alemán Süddeustche Zetung, con la que disentimos, para entregar esa información a las autoridades panameñas que la requirieron con el objeto de investigar las anomalías que se desprendan de esto.
En el contexto de ese tema relevante, repetimos, ayer en las redes sociales del país predominaron las reacciones sobre los dichos de Pedrito Sola acerca de su sexualidad, tanto, que alcanzaron la cumbre en Twitter, signifique esto lo que sea, para llegar a ser trending toppic. Pero el aspecto más relevante no es que la frivolidad hubiera salido del clóset, y exhibido en las redes los temas que le interesan a la mayoría de los usuarios de la red social, sino que predominó la homofobia hasta alcanzar límites preocupantes. La baja calidad del intercambio público en las redes es más patente cuando dentro del sector, digamos, más politizado, hubo quienes afirmaron que las declaraciones del señor Sola son una cortina de humo para distraernos de que Ricardo Salinas Pliego está inmiscuido en el rebumbio que generaron los famosos papeles panameños.
Esto es un botón de muestra sobre la pobreza de nuestro intercambio público y nuestra incapacidad para procesar temas relevantes para el país.
