En un par de días, dos de los autonombrados representantes de la “auténtica izquierda mexicana” han dejado claro que ser progesista es más llevar la contra al gobierno federal que ser fieles a los principios e ideales que propugnan, aunque en ocasiones caigan en contradicciones de antología.
Primero, el semanario Proceso le dedica su más reciente portada a la Arquidiócesis de México quien, desde hace meses, se ha pronunciado en contra del gobierno federal por la propuesta del matrimonio igualitario. Y por otro lado, Andrés Manuel López Obrador critica la retención deL salario de la CNTE no desde una perspectiva económica o política sino abiertamente religiosa: “es antibíblico”.
¿Acaso es válido, en ese afán de mostrarse opositores al gobierno, contraponerse a los principios más elementales, ya no de la izquierda, sino del Estado laico que tanto se defiende en discursos? Al parecer para Proceso (quien hace cinco años criticó la intromisión de la iglesia en la política) y para López Obrador (quien propuso someter a referéndum el matrimonio homosexual si ganaba en 2012), sí.
Estos progresistas con gorgojo no los tiene ni Obama.
