¿Qué opino del conocido trabajo de The New York Times sobre la publicidad oficial?

Su mayor virtud es que colocó el tema en la agenda pública y eso se debe más a su influencia política (debido a cierto provincianismo en el país), que a una labor estructurada y rigurosa de datos. Sin falsa modestia: en cambio, la revista que dirijo ha ofrecido más datos y argumentos que el reportero del periódico estadounidense que, como ustedes saben, a mí me entrevistó hace varias semanas para su texto.

The New York Times no consideró, y yo se lo dije al reportero, los montos globales y su distribución; ignoró los gastos de los estados en ese rubro (le di los datos al reportero) y no puso ejemplos de sesgos que, en los contenidos, sí tienen varios medios. Esta puede ser una diferencia de apreciación pero, al menos para mí, no se explica que La Jornada tenga 31 millones de pesos de enero a octubre de este año por la publicidad del gobierno federal y Milenio diario, 21 millones (La Jornada publicó al menos 50 titulares principales oficialistas mientras que Milenio, alrededor de 25 durante 2017). Para mí también hay correspondencia entre los 72 millones que obtuvo Excélsior sólo en su versión impresa en este año con sus contenidos que alientan por lo regular las versiones oficiales. Junto con ello, un dato complementario pero no menor es que Carlos Slim es el principal anunciante de la iniciativa privada en nuestro país y creo que también influye en los contenidos, como lo hizo en el programa de Aristegui cuando la discusión de la reforma de la radiodifusión y las telecomunicaciones hace varios años.

En cambio, el texto de The New York Times carece de estructura -no es una artículo de opinión como tampoco es un reportaje en sentido estricto- y dirigió su énfasis nada más contra el Jefe del Ejecutivo, sin enfatizar en que esa omisión es mucho más compleja y que comprende intereses económicos diversos y falta de definiciones de otros actores políticos, la resolución de la Corte va dirigida al Congreso y eso no es menor. Al respecto, sólo me citó de pasada a mí, y mal.

De cualquier modo, subrayo el aporte del periódico estadounidense para que en el país tengamos ese debate, incluso aunque, fieles a la costumbre, cierto complejo del mexicano atienda más un tema si lo dice un medio extranjero. Las resistencias que exhibió, en personajes tan vulgares como Federico Arreola o Jenaro Villamil, son muy sintomáticas de esos formidables intereses. Por ello me da gusto haber sido entrevistado por The New York Times.

Autor

Scroll al inicio