El atento lector recordará que hace apenas dos días, en este espacio editorial, aseguramos que cuando los medios de comunicación actúan bajo consignas generalmente no les importa la información (que es la función principal, a la que supuestamente se deben) porque tienen la encomienda de minar la reputación del adversario de su causa, una causa que puede ser suya o determinada por agentes externos que, para ello, incentivan a la empresa mediática. Como sea, esos resortes forman parte de la opacidad de los medios que, paradójicamente, le exigen transparencia a los otros sin ofrecer la misma a sus audiencias.
Apenas hace un par de días expusimos lo anterior y el diario Reforma ofrece un ejemplo muy nítido de la encomienda que desecha la información y dirige los cuadratines, como ha hecho asiduamente desde hace varios meses, en contra de la empresa OHL. Pero en este caso es más delicado porque los editores de Reforma usaron información del periódico El País, con el que tienen un convenios para reproducir sus textos en la sección internacional, para dirigir ese golpeteo del que hemos hablado. Usaron esa información situando los créditos del diario y de su reportera, Natalia Junquera, pero adulteraron el contenido de la nota para defenstrar a los directivos de OHL. Esto es un hecho incontrovertible, la propia defensora del lector de El País, Lola Galán, le comentó a la editora de etcétera, Alejandra Escobar, que lo que hizo el diario Reforma es “un caso de manipulación escandalosa” y que El País tomará las medidas oportunas. Nosotros estamos a la espera de conocer esas medidas.
Este caso muestra con toda claridad trangresiones éticas y profesionales en aras de seguir la consigna contra OHL. ¿Los directivos de Reforma explicarán lo que sucedió y, en su caso, le ofrecerán disculpas a El País, los lectores y la empresa involucrada? No somos optimnistas.
