Los lectores tienen el derecho y la responsabilidad de elegir qué leen, eso es claro, lo mismo sucede con los medios y los periodistas: tenemos el derecho y la responsabilidad de elegir a nuestras audiencias (incluso como un imperativo ético); en las sociedades democráticas esto se divide en segmentos porque ninguna oferta de comunicación por sí sola puede reflejar las expectativas de toda la sociedad.
Al respecto, hoy varios contactos tuvieron la gentileza de enviarme un vínculo del portal de la BBC que alude a la empresa de medios públicos de Noruega, NRK, que determinó que “si el lector quiere comentar debe probar primero que ha leído aquello sobre lo que piensa opinar”, eso a mí me entusiasma: el trabajo informativo también implica la exigencia para que el lector asuma el esfuerzo elemental de revisar los contenidos que se le presentan (incluso creo que esto es clave para mejorar la propia calidad de los contenidos).
Hay labores noticiosas que lo único que piden a sus audiencias es creer, así tal cual –y conformar el tribunal mediático para decretar sentencias y culpabilidades–, porque él o la comunicadora tiene prestigio y el actor político al que se refiere no, o derivaciones por el estilo; otro esfuerzo informativo también es propaganda desde la esfera oficialista desde el gobierno en sus tres niveles o diversas otras instituciones. Esto además de la cháchara que abunda en los contenidos y que tiene a los estudios sorprendentes –algo así como “Estudio demuestra que lectores que no leen están mejor informados”–, culos prominentes y chismes en general.
Entonces la NRK no tiene un desplante de soberbia o de menosprecio (es bueno advertirlo a la sensiblidad mexicana que asocia la arrogancia con la exigencia de pensar) sino que busca cifrar en un elemento clave la solidez democrática, me refiero a la formación de ciudadanía, y que bueno porque ello sin duda mejora el intercambio público (además de que el espacio de la web cada vez se encuentra más copado por bots y troles generados para torpedear a todo el enemigo de la causa que a estos los anime).
Esto no es desde luego un asunto de libertad de expresión, en las redes sociales cada quien opina lo que quiere y como quiere, en los circuitos que el mismo usuario idea para ese efecto y es natural. Por ejemplo en este modesto espacio no admitimos las groserías contra nadie ni la descalificación sin argumentos, tampoco somos agencia informativa para informar a quien no se entera de lo que comentamos –opinar aquí implica ese mínimo esfuerzo– y no aceptamos ningún tipo de expresión que incite a ningún tipo de violencia; otro asunto desde luego es el desmadre y los chistoretes que puedan lanzarse, como parte del sentido lúdico que tiene el intercambio.
En México estamos a años luz de decisiones como la antedicha, aquí aún privan las ideas “El respetable siempre tiene la razón”, “El público lo que pida”, “El rating manda” o “La causa así lo exige, no le demos armas al enemigo”, junto con la doble moral del público que se espanta y al mismo tiempo consume la basura informativa o los catecismos políticos además de que se ha vuelto muy prolífica en difundir noticias falsas. En ese pequeño, muy pequeño espacio no se admite nada de eso pero también entendemos que aquí nos tocó vivir y no hay nada más que hacer, luego de definir las convicciones propias.
Marco Levario Turcott
