Marco Aurelio Carballo, se declaraba ferviente apasionado por la lectura y, por ende, de la creación. Escribir y reescribir eran actividades que el autor tapachulteco realizaba cotidiana y rigurosamente. Nostálgico y vivaz al mismo tiempo, Carballo a menudo hablaba de los lejanos días en que transcurrió su infancia y también de la áspera relación que inicialmente mantuvo con su padre y que se normalizó sólo hasta después de la publicación de su primera novela, “La tarde anaranjada”. El estilo de “El Vargas Llosa chiapaneco” se caracterizó por la sencillez y madurez. Este es un extracto de varias conversaciones con el director de la revista Gentesur, donde el escritor fallecido este sábado, víctima del cáncer, publicó sus textos durante casi 2 décadas.
Al interior del restaurante, a esta hora de la tarde el movimiento no cesa; el trajinar cotidiano no sorprendería a nadie y entre los clientes no se distingue, al menos a primera vista, a ninguna de las celebrités del mundo del espectáculo, la política o el jet set local que harían que los comensales volviesen la cabeza, como en ocasiones -sin pertenecer a ninguna de estas categorías-, lo hace entre el sector femenino el paso de este hombre alto, maduro y de viriles rasgos, que generalmente lleva al hombro una alforja de piel café, en la que acomoda su libreta de apuntes, papeles y algunos libros.
Sin embargo, esta vez, su ingreso al local ha pasado casi inadvertido, a no ser por su marcha pausada por entre las mesas, la enfermera con la que se auxilia durante su trayecto y el sombrero tipo fedora con el que hoy viernes 8 de febrero de 2013, trata de disimular la gruesa venda que rodea su cabeza.
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