"Buenas tardes. Aquí hay un señor que quiere verla… ¿cómo me dijo que se llamaba? Sí: David". Un día la pianista y directora Maria Schneider recibió la visita de uno de los iconos del siglo XX, la persona que revolucionó la música y el concepto de estrella, el extraterrestre que cayó a la Tierra… Pero el portero de su edificio no vio a David Bowie, sino a un tipo corriente que esperaba en el hall. Al final de su vida, el hombre que utilizó la fama y su imagen pública como recursos artísticos sólo quería pasar desapercibido y vivir recluido. Deshacer lo hecho. En una época en la que resulta imposible guardar un secreto, consiguió rodear sus últimas obras de un halo de misterio que aún hoy las hace extrañas y fascinantes. Este martes se cumple un año de la muerte de Bowie, pero parece como si hubiesen pasado 10… o tan sólo un par de días. Así es el legado de confusión e incógnitas que nos deja. Ahora un documental pone el foco sobre esos oscuros últimos días del genio que este domingo habría cumplido 70 años: David Bowie: The last five years, estrenado el sábado en el Reino Unido y que Movistar emite en España el martes, coincidiendo con el aniversario.
Dirigida por Francis Whately, que ya había realizado en 2013 otro proyecto sobre su carrera (David Bowie: Five years), la película no pretende aclarar los detalles de su muerte. Al contrario, según el propio director, quiere "ayudar a comprender en conjunto la carrera de Bowie, alguien que al final de su vida y de su historia quiso terminar su obra, como quien completa un cuadro, con algunos de sus mejores trabajos. Igual que hizo Rembrandt". Y lo consiguió, explica Whateley a EL MUNDO, cerrando un círculo: "Si analizas los cinco primeros años de su carrera, con todos los cambios que experimentó y con los logros increíbles que alcanzó en tan poco tiempo, te das cuenta de que los temas son exactamente los mismos que aparecen en el lustro final: la mortalidad, la alienación, la cultura de la celebridad…".

En un nuevo juego de sorpresas, en esos cinco últimos años que abarca el documental el autor de Heroes volvió a desafiar todas las expectativas que se tenían de él. Primero rompió el retiro que se impuso tras sufrir un accidente cardiovascular durante una gira en 2004 para publicar de improviso, sin dar explicaciones ni conceder entrevistas, The next day (2013), el primer disco en el que el músico que siempre había mirado al futuro parecía echar la vista atrás con nostalgia. Luego llegó el musical de Broadway Lazarus (2015), donde recuperaba el personaje al que dio vida en El hombre que vino de las estrellas (1976) y avanzaba el personaje bíblico que articularía su disco final, Blackstar, entre explosiones de jazz de vanguardia. Y como inesperado colofón, su propia muerte, acaecida un par de días después de su 69º cumpleaños y de la publicación de dicho álbum, que se entendió como una gran obra de despedida orquestada que se podía descifrar a través de los mensajes del disco. Pero igual que sus letras no siguen una narrativa lineal y se abren a múltiples interpretaciones, Whately sostiene que con Bowie las cosas nunca están claras del todo. "En su arte, cada individuo puede leer lo que quiera", explica el cineasta. "Cualquiera puede conectarse de alguna forma con algo de sus letras. Como dice en una de sus últimas canciones, I can't give everything away, nunca quiso revelarse totalmente". Por eso quedan esas imágenes sueltas que componen el mosaico Bowie: el hombre increíblemente inteligente que en la conclusión de su vidaleía un libro al día, pero también el aficionado a las películas de animación infantil y el experto en jugadoras anglosajonas de fútbol femenino.
Más información en: http://bit.ly/2i1TA5i

