Gil dejó crecer en su alma algunas preguntas misericordiosas y no por eso menos enigmáticas en la víspera de la llegada de su Santidad a México. La primera de ellas se ha impreso en el corazón no tan devoto de Gamés: ¿cuál es el sentido de que la Lotería Nacional inserte en todos los periódicos habidos y por haber una página anunciando el sorteo Magno número 359 cuyo premio en tres series asciende a 75 millones de pesos con la imagen del Papa Francisco? El anuncio de marras (palabra favorita de Gamés) dice: “ahora sí, la suerte está en tus manos”, y a un lado este mensaje piadoso: “Papa Francisco. Misionero de Misericordia y Paz”.
Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y hesitó: ¿hay una relación mecánica entre la suerte y el Papa? ¿Si Gilga compra un huerfanito, gana algo, aunque sea un reintegro? Gilga no quiere ponerse roñoso, pero caramba, amigos de la Lotenal, gástense el dinero público en otros asuntos de beneficencia. Por lo demás, Gamés está convencido de que Bergoglio lee a diario to-dos los periódicos mexicanos y de que gracias a estos esfuerzos de comunicación social, su Santidad se enterará de que será bienvenido en la Ciudad de México, en Tuxtla, en Morelia, en Juárez. En el amplísimo estudio se escuchó un lamento desgarrador: ay, mis hijoos sin Voltaire.
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