Caminante no hay camino, se hace camino al andar.
Antonio Machado
Hoy me gustaría compartir algunas reflexiones útiles para el 2018 y más allá.
El mundo ha cambiado notablemente en las últimas tres décadas y las fuerzas que impulsan este proceso se van a acelerar. Años recientes nos confirman que somos una generación “puente”, un vínculo entre dos realidades.
Por un lado, podemos apreciar el fin de algunas instituciones y paradigmas obsoletos y el inicio de un nuevo mundo sorprendentemente distinto al anterior. Las ideas y creencias empresariales, políticas o económicas han evolucionado hacia una nueva realidad que nos obliga, como diría mi amigo David Konzevik, a “repensar lo pensado y a pensar lo no pensado”.
Ya he hablado de lo inevitable, es decir, aquellas tendencias que seguirán transformando radicalmente el mundo en que vivimos. Cada uno de nosotros debemos decidir cómo vamos a aprovechar esta nueva realidad, de lo contrario podríamos ser aplastados por ella.
En este nuevo mundo, oficios y profesiones, incluso instituciones o industrias enteras desaparecerán o se transformarán hasta quedar irreconocibles, gracias a avances tecnológicos que no podíamos imaginar hace apenas unos años.
Los avances en la medicina, por ejemplo, han permitido pasar de una esperanza de vida de 35 años al comenzar el siglo XX, a más del doble en la actualidad. Aunque es un cambio favorable, esta sola variable tiene grandes efectos sobre nuestra realidad: desde la presión que ejerce sobre los sistemas de salud, hasta la carga que representa para los sistemas de retiro, las tasas de ahorro e inversión, etcétera.
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