Recomendamos: Guillermo Samperio, por Gil Gamés

Había muerto Guillermo Samperio (1948-­2016) y Gil caminaba por el amplísimo estudio buscando dos libros que encontró. Uno: El sueño del escarabajo, una antología de sus cuentos publicados por el FCE en el 2015; otro: Maravillas Malabares, publicado por Cátedra, Letras Hispánicas en el año 2015 y editado por Javier Fernández, escritor español, que introdujo el libro de Samperio con una serie de preguntas a uno de nuestros mejores cuentistas. Gil arroja a esta página del directorio unos cuantos subrayados.


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Yo, Guillermo Samperio, no fui testigo de mi propio nacimiento, no tengo certeza de ser mexicano y por ello me declaro casiopeico. No obstante, dicen que nací en las calles Grecia y Libertad en el pueblo de San Álvaro, pegado al de Tacuba, el 22 de octubre de 1948. Ya entonces el centro de la ciudad de México, lo veíamos como México. En general, los chilangos no hemos sentido de forma negativa el gran desarrollo de la ciudad, lo veíamos más bien como fatalidad, como algo inevitable.


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En rigor, empecé a trabajar a los diez años, o sea que tengo más de cincuenta trabajando. En total éramos seis hermanos, cuatro hembras y dos varones. Yo era el mayor y creo que eso me ayudó muchísimo porque, en las circunstancias en que vivíamos, ser el mayor me daba un lugar predominante. Mi padre protegía más a las mujeres, pero yo tenía el apoyo de mi padre. Cuando mis hermanas y yo íbamos a la escuela, mi madre tenía una frase muy lapidaria: “Ojalá el día de hoy tengamos para comer”. Nos íbamos de casa con la angustia severa de no saber si íbamos a comer, pero siempre se las arreglaba mi mamá. Comíamos entrañas de pollo, sopa de fideos, de letras, de municiones, arroz, frijoles… O los bisteces de hígado de res, que los aborrezco.


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