Todo estaba listo en la Secretaría de Gobernación para lo que se preveía como una ruda llamada telefónica. Del otro lado de la línea, el nuevo secretario de Seguridad Interior del presidente Donald Trump, el general John Kelly. En Bucareli, Miguel Ángel Osorio Chong.
El plan del mexicano era arrancar con el listado de reclamos: el tono, el muro, los migrantes, las faltas de respeto, los tuits, las amenazas, los estereotipos… Ese 8 de febrero tocaba “endurecer la pierna”, como parte de la estrategia de negociación del gobierno federal de Enrique Peña Nieto.
Pero el estadounidense tomó la palabra primero y no le dio tiempo al mexicano ni de calzarse los guantes. No había pelea.
En contra de la retórica de Trump, que avasalla y vulnera al mexicano por principio, el general John Kelly arrancó diciendo que él sí sabía la importancia de la relación México-Estados Unidos, que él sí distinguía la calidad de aliado que era México y que estaba al tanto de todo lo que la gestión del presidente Peña Nieto había hecho conjuntamente con la administración de Barack Obama, y que deseaba seguir por esa ruta de cooperación, entendimiento, diálogo y confianza.
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