Paso manejando despacio frente a un edificio tomado por la Asamblea de Barrios Poniente, en Prosperidad 71, colonia Escandón. Desde una ventana del primer piso, un joven con la cabeza rapada, y los brazos completamente tatuados, vigila la calle. Me han dicho que sin importar la hora encontraré a alguien vigilando desde esa ventana. Cuando me lo dijeron, no creí que se tratara de algo tan exacto.
Paso tan cerca del inmueble que mis ojos y los del joven se encuentran. Me queda claro que en Prosperidad no pasa una mosca sin que este joven lo sepa. Me clava una mirada aguda. Recuerda precisamente a la de un halcón.
Vecinos de la colonia Escandón han indicado que quienes vigilan el edificio están armados y tienen a la mano una batería de cohetones para llamar, en casos de urgencia, a otros miembros de la Asamblea de Barrios que tienen “tomados” varios edificios de la Condesa y la Escandón.
El estallido de los cohetones podría convocar en minutos a unas 150 personas.
El edificio desde el cual el joven me observa fue invadido por el mismo grupo que se adueñó del inmueble ubicado en la esquina de Benjamín Hill y Altata (le dediqué una entrega anterior: El narcomenudeo en la Condesa tiene nombre y apellido).
Aquí también hay reportes de vecinos sobre venta de droga al menudeo y sobre extorsiones a los comercios cercanos. Los vecinos de la calle denuncian robo de autopartes, asaltos, agresiones, movimiento de “camionetas caras” a las altas horas de la noche y al menos dos balaceras en los últimos seis meses, en las que participaron habitantes del inmueble.

