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Marcelino Perelló se parece al poeta Bukowski. La voz rasposa, el humor socarrón, el don de decir lo indecible –eso que otros piensan y callan–, y su franca enemistad a las mujeres. Lo que le falló a Perelló, y a Bukowsk no, fue el momento histórico, cuando en su programa de radio UNAM, "Sentido contrario", se arrancó con una formidable diatriba en pro de la violación. “No te hagas pendeja, sí les gusta…” “Bueno, a ti tal vez no, pero muchas mujeres conocen el orgasmo solo cuando las violan… porque las libera del pecado original.”


Viene a cuento un chiste bastante conocido. Un borracho entra con su carro al Periférico en sentido contrario y al ver la marea de carros que se le viene encima a toda velocidad, exclama: ¡Cuánto idiota, por dios!


La reacción a su diatriba fue creciendo en las redes, y la marea se le estrelló encima a Perelló. Se canceló su programa y sus minutos de fama son de infamia. Lo que no le sorprendió. Declaró que sostenía sus opiniones, “aunque no sean políticamente correctas”. En lo que se equivocó Perelló, es en entender contra qué consenso él se lanzó a toda velocidad y lo vino a despedazar a él.


No, no es en contra de la represión sexual, como sus dichos parecen indicar que supone. No vivimos, como él se imagina, en un mundo donde la gente se asusta ante el sexo y lo rehúye. Para nada, de ese miedo nos liberó precisamente Perelló y su generación, la que realizó la Revolución sexual de los años 60 del siglo pasado. El consenso que Perelló desafió, es el inmediatamente posterior al del derecho a una sexualidad plena: el consenso de que las mujeres existen, y tienen derechos iguales a los varones, y que su cuerpo es tan suyo como es el cuerpo de ellos.


Más información en: sabinaberman.mx

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