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Luis González de Alba, mi tío, murió el 2 de octubre de 2016. Seis meses después descubrí sin querer el mensaje encriptado que nos dejó y que estuvo a punto de perderse para siempre.

Antes de las 11 a.m. sonó mi celular.  Era la mañana del domingo 2 de octubre de 2016. Me desvelé pero ya había despertado, en la Ciudad de México, y como de costumbre revisaba mi face en el celular; noté varias publicaciones extrañas de Luis, pero estaba todavía desvelado y no les presté mucha atención. En automático republiqué algunos recuerdos de años anteriores, todos referentes al 2 de octubre de 1968.

Sonó el celular. Vi un número desconocido con lada de Guadalajara: era mi tío Manuel, el esposo de mi tía María Esther (hermana de Luis y de mi papá).

—Es Luis, es Luis —me dijo con voz quebrada.

—¿Es Luis qué, tío? ¿Qué le pasó? —contesté con el peor presentimiento.

—Luis se asesinó, Luis se asesinó —me dijo a gritos.

—¿Qué?

—Se dio un balazo en el corazón

No lo podía creer; en segundos me cruzaron mil teorías por la cabeza pero ésta regresaba a estar en blanco para evadir la terrible noticia. Llegué a pensar que lo habrían matado y que habrían hecho parecer la escena como de un suicidio, le pregunté a mi tío si puertas y ventanas estaban forzadas, si no había nada sospechoso. Llorando me dijo que no y me describió la escena.

—Dejó una nota para ti, tienes que venirte ya. En una mano tiene la pistola y una foto de Pepe Delgado en la otra.

Mi tío Manuel Alemán es neurólogo y mi tía María Esther fue muchos años enfermera. Antes que el médico forense, ellos habían calculado que Luis estaba muerto desde hacía tres o cuatro horas.

Más información en: http://nexos.com.mx/?p=33886

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